En menos de un mes, San Francisco de Macorís ha vivido tres escenas que, vistas juntas, dicen más que cualquier discurso. Entregamos 112 apartamentos a 112 familias francomacorisanas. La Expo Mayorista celebró su trigésima edición en el Club El Mayorista. Y esta mañana, en el Teatro Regional del Nordeste, el Observatorio de Sostenibilidad y Desarrollo Regional reunió a la Procuraduría, al Defensor del Pueblo, al Comisionado para la Reforma Policial, a cuatro gobernadoras y a los líderes comunitarios de la región. No fue casualidad: fue el retrato exacto de lo que está pasando en esta ciudad.
Esta ciudad se sostiene sobre dos motores. Uno es el comercio, que aquí tiene raíces hondas: la Asociación de Comerciantes de la Provincia Duarte acumula más de cincuenta años de historia y su feria, nacida en 1995, se convirtió en el principal encuentro comercial del Nordeste. El otro motor es la construcción.
Las cifras nacionales explican bien el momento. Según el Banco Central, la construcción fue en julio la actividad que más creció en toda la economía dominicana, con una expansión interanual de 8.1 %, y el crédito destinado al sector aumentó 18.2 % al cierre de ese mes. Detrás de esa dinámica hay una realidad que no admite discusión: el déficit habitacional dominicano supera el millón trescientas mil unidades. La demanda existe. La pregunta es quién construye y dónde.
Durante mucho tiempo la respuesta fue: en la capital. Esa etapa quedó atrás. Las familias del Nordeste ya no tienen que irse a Santo Domingo para acceder a un apartamento nuevo, financiado y bien ubicado. Y cada proyecto que se levanta aquí contrata ingenieros, maestros constructores y obreros de aquí, compra en las ferreterías de aquí y mueve talleres, transportistas y decenas de pequeñas empresas de aquí. Cuando el sector privado construye, la ciudad entera trabaja.
Pero hay algo que la construcción y el comercio no pueden producir por sí solos, y que esta mañana se puso sobre la mesa con claridad: la convivencia.
Estuve entre el público, como un ciudadano más, en el primer encuentro del Observatorio que preside monseñor Alfredo de la Cruz Baldera y que impulsan la Universidad Católica Nordestana y Listín Diario, con Miguel Franjul en la vicepresidencia. Escuché a la procuradora general, Yeni Berenice Reynoso, explicar el Pacto de Estado contra la Violencia a partir de un dato que ella misma ha dado a conocer: más de la mitad de los homicidios del país están vinculados a conflictos sociales que no fueron atendidos a tiempo. Escuché al comisionado Ernesto García Hernández describir una reforma policial que se ha propuesto formar a 26,000 miembros de la Dirección Preventiva antes de 2028. Vi al Defensor del Pueblo, Pablo Ulloa, firmar un acuerdo con la UCNE para tener presencia permanente en la región. Y vi a las gobernadoras de Duarte, Samaná, Hermanas Mirabal y María Trinidad Sánchez cerrar la jornada juntas, como una sola región.
Lo que más me impresionó no fue la lista de autoridades. Fue el método. Los Diálogos por la Convivencia Barrial que llegan por primera vez al Nordeste, de la mano de CODONBOSCO, consisten en algo muy simple: sentar a las instituciones a escuchar a los líderes de los barrios antes de decidir por ellos. Ese formato ya produjo respuestas concretas en el Gran Santo Domingo. Ahora se ensaya aquí.
Digo esto desde la perspectiva de quien construye y vende viviendas: ninguna familia invierte los ahorros de su vida en un lugar donde no se siente segura, y ningún comercio prospera en una calle donde el conflicto no se resuelve. La seguridad y la convivencia no son un tema aparte del desarrollo económico. Son su condición. Un observatorio que produzca datos verificables sobre la región, como el que se presentó hoy, le sirve tanto a un gobernador como a un empresario que decide dónde poner su próximo proyecto.
Y a esa agenda se suma la que los comerciantes plantearon en la Expo Mayorista: culminar la avenida de Circunvalación y conectarla con Hatillo, ampliar a cuatro carriles la avenida Presidente Antonio Guzmán Fernández, dar continuidad a la carretera San Francisco–Río San Juan y resolver la vía Tenares–Gaspar Hernández. No son peticiones de un gremio. Son las condiciones para que la inversión siga llegando. La infraestructura no es el adorno del desarrollo: es su cimiento.
Hace treinta años empezamos esta empresa aquí, cuando construir en el Nordeste todavía parecía una apuesta arriesgada. Hoy entregamos 112 apartamentos en un solo acto, los comerciantes celebran treinta ferias y la región se sienta a producir sus propios datos y a escuchar a su propia gente. Esa coincidencia es la verdadera noticia.
San Francisco de Macorís no está esperando que la desarrollen. Se está construyendo a sí misma, con cemento, con comercio y ahora también con diálogo. Lo que corresponde, al Estado y a la empresa privada, es no dejarla sola en el camino.
El autor es presidente de Grupo Gabín Fernández, empresa dominicana de desarrollo inmobiliario y construcción con treinta años de trayectoria, con sede en San Francisco de Macorís.











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