SANTO DOMINGO. – La comunidad cultural y editorial de la República Dominicana destacó la dimensión pedagógica y social que desempeñan los libreros en el marco de los preparativos para la XXV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026, evento que iniciará el próximo 23 de abril en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte. Especialistas del sector enfatizaron que la labor de estos profesionales trasciende la comercialización de publicaciones, posicionándolos como mediadores culturales indispensables para el fomento de la lectura y el acceso a la educación no formal en el país.
El proceso preparatorio para la gran cita del libro involucra jornadas exhaustivas de clasificación bibliográfica, reestructuración de ofertas comerciales y adecuación a los reglamentos del programa oficial Bono Libros, iniciativa orientada a facilitar material didáctico y de formación a la población estudiantil dominicana.
Alineación con los estándares internacionales de la UNESCO e IFLA
El ejercicio del librero como orientador del lector se fundamenta en las directrices establecidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) a través del marco UNESCO Framework for Cultural Statistics. Dicho organismo reconoce a las librerías como espacios intermediarios estratégicos que influyen de manera directa en las decisiones formativas y culturales de la ciudadanía.
De forma complementaria, la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA) define a estos actores como profesionales de la información y guardianes del patrimonio intelectual, cuya gestión conecta el mercado editorial con el desarrollo comunitario y la equidad en el acceso al conocimiento durante el bienio 2025-2026.
«El librero no es simplemente quien vende libros: es quien pone en contacto al lector con el conocimiento, la imaginación y las ideas que pueden transformar su manera de comprender el mundo. Cada recomendación constituye una obra educativa a pequeña escala», sostienen los lineamientos rectores de la UNESCO e IFLA.
Compromiso logístico y vocación de servicio
El montaje de la feria del libro exige a los expositores diseñar catálogos accesibles que incorporen tarifas reducidas por debajo de los precios habituales del mercado editorial, garantizando una oferta incluyente para las familias y los profesionales que acuden al recinto ferial.
Historias de esfuerzo logístico, como la de la librera dominicana Jacqueline Díaz, quien ejecuta jornadas nocturnas de clasificación y curaduría bibliográfica desde su hogar, ilustran la dedicación requerida para estructurar la propuesta literaria que se exhibirá en el principal encuentro cultural de la nación.











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