La pandemia de COVID-19 obligó a las universidades del mundo a transformar, de manera abrupta, sus formas tradicionales de enseñanza. La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) no fue la excepción. En cuestión de semanas, docentes y estudiantes pasamos de las aulas físicas a las plataformas digitales, en medio de incertidumbres, limitaciones tecnológicas y enormes desafíos pedagógicos.
Aquella experiencia demostró que la educación virtual puede ser legítima, necesaria y valiosa para la universidad pública. Sin embargo, reconocer sus aportes no implica asumir que toda asignatura, todo estudiante y toda circunstancia son adecuados para una formación completamente virtual. Superada la emergencia sanitaria, la pregunta ya no debe ser cuánto podemos virtualizar, sino qué tipo de virtualidad necesita realmente la UASD y bajo cuáles condiciones académicas debe desarrollarse.
Esta reflexión se relaciona directamente con mi investigación doctoral, titulada Docencia virtual en la UASD: entramado pragmático-teórico desde la experiencia docente en pandemia por COVID-19, centrada en las experiencias de profesores del área de Letras. Los hallazgos evidenciaron una notable capacidad de adaptación: incorporación de Moodle, Zoom, Microsoft Teams, Google Meet, foros, wikis y otros recursos; desarrollo acelerado de competencias digitales; y adopción de nuevas estrategias de mediación pedagógica. El docente dejó de ser únicamente expositor de contenidos y asumió, con mayor intensidad, funciones de facilitador, diseñador de experiencias de aprendizaje y mediador tecnológico (Ortega Suárez, 2026).
Pero la investigación también hizo visibles las tensiones del proceso: dificultades de conectividad, desigualdad en el acceso a dispositivos, sobrecarga de trabajo, afectaciones al bienestar docente y, de manera especial, limitaciones en la interacción entre profesores y estudiantes. Este último aspecto continúa siendo decisivo cuando pensamos en la calidad de la enseñanza universitaria.
De una solución de emergencia a una política universitaria
La virtualidad durante la pandemia respondió a una necesidad extraordinaria: garantizar la continuidad académica cuando la presencialidad no era posible. Hoy el escenario es distinto. La UASD cuenta con un Reglamento General de UASDVirtual y, para el semestre 2026-20, con protocolos específicos que orientan el desarrollo de la modalidad virtual. Esto significa que el desafío actual no es crear regulación desde cero, sino revisar, precisar y aplicar criterios que articulen pertinencia, calidad, equidad y sostenibilidad académica (Universidad Autónoma de Santo Domingo [UASD], 2014, 2026).
En la práctica docente se percibe un fenómeno que merece análisis institucional: algunos estudiantes seleccionan asignaturas virtuales no porque exista una necesidad académica, laboral, familiar o geográfica que lo justifique, sino porque la modalidad resulta más cómoda. Al mismo tiempo, determinadas secciones presenciales reciben una matrícula reducida y pueden quedar expuestas al cierre por falta de estudiantes.
La elección de modalidad no debería depender exclusivamente de la comodidad inmediata. También debe responder a la naturaleza de la asignatura, a las competencias que se pretende desarrollar, a las características del estudiante y a las condiciones que permitan asegurar aprendizajes de calidad. En otras palabras: no todo lo que técnicamente puede impartirse de manera virtual necesariamente debe ofrecerse en esa modalidad.
El problema de las secciones virtuales masificadas
Otro asunto que considero prioritario es la masificación de algunas secciones virtuales. La enseñanza en línea de calidad no consiste en colocar materiales en una plataforma, asignar actividades y recibir trabajos. Exige seguimiento, retroalimentación oportuna, evaluación formativa, interacción sostenida, acompañamiento y comunicación frecuente.
Cuando un profesor debe atender grupos excesivamente numerosos, estas funciones pedagógicas se debilitan. La tecnología facilita procesos, pero no multiplica indefinidamente la capacidad del docente para leer producciones, responder consultas, retroalimentar tareas y acompañar trayectorias individuales.
Por esta razón, propongo que la UASD valore establecer, como criterio general de calidad, un máximo aproximado de 30 estudiantes por sección virtual, salvo situaciones excepcionales justificadas institucionalmente. No se trata de restringir el acceso, sino de evitar que la ampliación de matrícula reduzca la experiencia educativa a una relación administrativa entre plataforma, tareas y calificaciones.
Presencialidad, semipresencialidad y virtualidad: recuperar el equilibrio
La respuesta no debe ser abandonar la virtualidad. Tampoco consiste en volver, sin más, al modelo previo a la pandemia. El camino más razonable es construir un equilibrio entre modalidades y fortalecer especialmente la enseñanza semipresencial.
El aprendizaje híbrido permite combinar el encuentro humano, el diálogo directo, la construcción colectiva y la socialización académica con la flexibilidad, los recursos multimedia, los entornos virtuales y las oportunidades de trabajo autónomo que ofrece la tecnología.
La presencialidad, por su parte, no debe interpretarse como una modalidad obsoleta. La universidad es más que transmisión de contenidos: es conversación, contradicción, debate, preguntas espontáneas, convivencia intelectual, construcción de ciudadanía y formación de comunidades académicas. En muchas asignaturas, esa interacción constituye parte del aprendizaje y no un simple complemento logístico.
Por ello, considero conveniente que la UASD priorice una oferta equilibrada entre presencialidad y semipresencialidad, manteniendo una virtualidad sólida para los casos en que resulte pertinente y necesaria.
¿Toda una carrera desde una pantalla?
También conviene discutir el peso que la virtualidad puede ocupar dentro de una carrera concebida originalmente como presencial. ¿Es académicamente deseable que un estudiante curse durante un semestre toda, o casi toda, su carga desde una pantalla cuando su programa fue diseñado para desarrollarse, en buena medida, mediante interacción presencial?
Propongo estudiar la posibilidad de que, en los programas originalmente presenciales, un estudiante no pueda cursar ordinariamente más del 30 % de su carga académica semestral en modalidad completamente virtual. Este porcentaje debe entenderse como una propuesta para el debate institucional, no como una cifra inamovible.
La norma tendría que contemplar excepciones justificadas: condiciones laborales especiales, maternidad o paternidad con responsabilidades de cuidado, situaciones de salud, discapacidad, residencia distante de los recintos y centros, circunstancias familiares o cualquier otra condición que la Universidad determine. Regular no significa uniformar; significa establecer criterios generales capaces de reconocer situaciones particulares.
Lo digital necesita pedagogía
Los resultados de PISA 2022 aportan un referente útil, aunque deben interpretarse con prudencia porque corresponden a estudiantes preuniversitarios y no constituyen evidencia directa sobre educación superior. La OCDE reportó que alrededor del 30 % de los estudiantes manifestó distraerse con dispositivos digitales durante las clases de matemáticas. También observó que determinados usos educativos de la tecnología pueden asociarse favorablemente con el aprendizaje, mientras que la distracción y los usos no orientados pedagógicamente pueden afectar el desempeño (OECD, 2023a, 2023b).
En una dirección semejante, el Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2023 de la UNESCO advierte que la tecnología educativa debe utilizarse en función de las necesidades del estudiante y como apoyo de una educación basada en la interacción humana, no como sustituto automático de esa interacción (UNESCO, 2024).
Estas evidencias no justifican rechazar la tecnología. Refuerzan una idea más importante: el valor educativo de una herramienta digital depende de su propósito, su diseño pedagógico, las condiciones de implementación y la capacidad de docentes y estudiantes para utilizarla con sentido. La universidad necesita tecnología, pero necesita todavía más pedagogía.
Una política institucional para la universidad pospandemia
A partir de esta experiencia, considero que la UASD debe promover una reflexión académica amplia que conduzca al fortalecimiento de su política de modalidades docentes. Esa discusión debería partir de evidencias institucionales: rendimiento académico, permanencia, abandono, satisfacción estudiantil, evaluación docente, participación en las aulas virtuales, calidad de la retroalimentación y comportamiento de la matrícula según modalidad.
Entre los criterios que deberían considerarse en esa revisión institucional se encuentran:
- Priorizar las modalidades presencial y semipresencial en las carreras concebidas originalmente bajo esa naturaleza
- Definir qué asignaturas son pedagógicamente pertinentes para modalidad presencial, semipresencial o virtual
- Establecer límites razonables a la proporción de asignaturas completamente virtuales que un estudiante puede seleccionar por semestre
- Mantener, como referencia de calidad, grupos virtuales que no excedan aproximadamente 30 estudiantes;
- Prever excepciones justificadas para estudiantes que requieran una mayor carga virtual
- Fortalecer la formación docente en diseño instruccional, evaluación virtual, metodologías activas y competencias digitales
- Evaluar periódicamente la calidad pedagógica de las asignaturas virtuales, no solo el funcionamiento tecnológico de las plataformas
- Vigilar que la expansión de la virtualidad no produzca un debilitamiento progresivo de la oferta presencial.
No planteo frenar la innovación tecnológica ni desconocer las transformaciones alcanzadas durante la pandemia. Propongo pasar de una virtualidad expandida por la emergencia a una virtualidad académicamente planificada y evaluada.
La pandemia demostró que podemos enseñar y aprender desde múltiples espacios. La etapa pospandemia debe enseñarnos algo adicional: no todas las modalidades son igualmente pertinentes para todas las asignaturas, todos los estudiantes o todos los propósitos formativos.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo, como principal universidad pública del país, tiene la oportunidad de consolidar un modelo multimodal propio, en el que presencialidad, semipresencialidad y virtualidad no compitan entre sí, sino que respondan a una planificación académica coherente.
Defender la virtualidad también significa establecer las condiciones para que funcione. Regularla no es retroceder: es preservar su calidad y garantizar que la tecnología continúe siendo un medio al servicio del aprendizaje, y no un fin en sí misma.
Tal vez la pregunta que docentes y autoridades debemos hacernos ya no sea cuánta virtualidad podemos ofrecer, sino una más exigente: ¿cuánta virtualidad, bajo qué condiciones y con qué propósito necesita verdaderamente la universidad que queremos construir próximo a los 500 años de existencia?
Referencias bibliográficas
- OECD. (2023a). PISA 2022 results (Volume I): The state of learning and equity in education. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/53f23881-en
- OECD. (2023b). PISA 2022 results (Volume II): Learning during—and from—disruption. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/a97db61c-en
- Ortega Suárez, J. H. (2026). Docencia virtual en la UASD: Entramado pragmático-teórico desde la experiencia docente en pandemia por COVID-19 [Manuscrito de tesis doctoral, Universidad Benito Juárez].
- UNESCO. (2024). Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2023: Tecnología en la educación: ¿Una herramienta en los términos de quién? UNESCO. https://doi.org/10.54676/NEDS2300
- Universidad Autónoma de Santo Domingo. (2014). Reglamento General UASDVirtual [Versión preliminar]. Dirección de Educación Virtual.
- Universidad Autónoma de Santo Domingo. (2026). Protocolo oficial de Educación Virtual, semestre 2026-20. UASDVirtual. https://uasd.edu.do/uasd-virtual/protocolo/
La autora es doctora en Educacion superior. Docente titular de la UASD. Profesora del postgrado de diferentes universidades de la RD. Asesora de tesis de postgrado. Representante profesoral ante el claustro menor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.Miembro del comité de tesis del cuarto nivel de la UASD, Recinto San Francisco de Macorís.











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