SAN FRANCISCO DE MACORÍS.– Monseñor Jesús María de Jesús Moya, considerado el guía espiritual de San Francisco de Macorís, fue distinguido con el Premio Ciguayo por su prolongada trayectoria pastoral y sus aportes a la vida religiosa y social de una ciudad a la que ha dedicado más de cuatro décadas de servicio.
El reconocimiento corresponde al renglón de inmigrante destacado de otra ciudad, dentro de la segunda edición de los premios, cuya ceremonia se celebró el sábado 19 de septiembre en el marco del 248 aniversario de la fundación del municipio.
Monseñor Moya no pudo asistir a la actividad debido a su avanzada edad. El próximo 28 de noviembre cumplirá 92 años. Para hacerle entrega del galardón, acudieron el ingeniero Martín Pantaleón, presidente de la Comisión de Celebración del Aniversario, y los integrantes Juan José Faña y Rafael Fernández.
La distinción reconoce los vínculos que el religioso, oriundo de Villa Tapia, construyó con San Francisco de Macorís mediante su labor pastoral, su interés por la educación y su compromiso con el bienestar de las familias.

Una vocación de servicio desde Villa Tapia
Jesús María de Jesús Moya nació el 28 de noviembre de 1934 en Sabana Angosta, Villa Tapia, en el seno de una familia católica. Sus padres, Gil de Jesús y Nicolasina Moya, procrearon 16 hijos.
Después de realizar sus primeros estudios, ingresó al Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino el 27 de septiembre de 1950, donde cursó humanidades, filosofía y teología.
Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1961 en la Catedral Santiago Apóstol, por monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito. Al día siguiente celebró su primera misa con motivo de las fiestas patronales de la parroquia San José de la Montaña, en el barrio Baracoa de Santiago.
Su trayectoria sacerdotal incluyó responsabilidades en la formación de seminaristas. En 1962 fue nombrado vicerrector del Seminario San Pío X, en Licey al Medio, y en 1966 asumió la rectoría de ese centro.
También realizó estudios de posgrado en Madrid, España, y Quito, Ecuador, y desempeñó funciones pastorales y educativas en distintas comunidades del país.
Décadas de vínculo con San Francisco de Macorís
El 13 de abril de 1977 fue nombrado obispo auxiliar de Santiago de los Caballeros. Posteriormente, el papa Juan Pablo II lo designó obispo de San Francisco de Macorís el 21 de abril de 1984, tomando posesión el 5 de mayo de ese año.
Su llegada marcó el comienzo de una relación con la comunidad francomacorisana que se ha extendido por más de cuatro décadas. Desde su responsabilidad religiosa, acompañó la vida de las parroquias y promovió una visión de servicio vinculada a las necesidades de la población.
La educación, la salud, la producción y la justicia social figuran entre las prioridades que ha defendido a lo largo de su trayectoria. Su semblanza también recoge su preocupación por la formación de las familias y por los problemas sociales que afectan a la juventud.
El Premio Ciguayo honra esa dedicación y el arraigo de un hombre nacido en otra comunidad que hizo de San Francisco de Macorís un espacio central de su vida y de su vocación.
Un reconocimiento a quienes contribuyen a la ciudad
Los Premios Ciguayo son una iniciativa de la Comisión de Celebración del Aniversario de San Francisco de Macorís, presidida por el ingeniero Martín Pantaleón e integrada además por el doctor Amado José Rosa, Rafael Fernández, Juan José Faña, Wilson Marcelino, Gil Rosario y Manuel Grullón.
Las actividades de la comisión cuentan con el respaldo del Ayuntamiento Municipal de San Francisco de Macorís y buscan preservar la memoria histórica del municipio y reconocer a quienes han contribuido a su desarrollo.
En su segunda edición, la premiación distinguió al ingeniero José Antonio López Acosta, al empresario Héctor José Rizek Sued, a la doctora Yanet A. Pantaleón Inoa, a la empresaria Mahassen Hage y a monseñor Jesús María de Jesús Moya. También reconoció, por primera vez, a una institución: el Patronato Contra el Cáncer del Nordeste.










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