El próximo mes de octubre no será uno cualquiera para los Gigantes del Cibao.
Se cumplirán 30 años de aquel 25 de octubre de 1996, cuando la franquicia de San Francisco de Macorís salió por primera vez al terreno en el béisbol profesional dominicano.
Treinta años.
Se dicen fácil, pero mucho ha pasado desde aquellos primeros Gigantes del Nordeste; Propietarios diferentes, cambios administrativos, jugadores, dirigentes, finales perdidas, dos campeonatos y hasta nombres distintos. Porque aunque hoy parezca difícil imaginar a nuestro equipo con otro nombre, hubo un tiempo en que dejamos de ser Gigantes para convertirnos en Pollos del Cibao y hasta estuvimos a punto de llamarnos Indios del Cibao.
Y precisamente ahí es donde quiero detenerme.
En 2013, con la llegada de una nueva administración, se anunció la intención de cambiar el nombre de Gigantes del Cibao por Indios del Cibao. Gracias a Dios esa idea no duró mucho sobre la mesa. El nombre Gigantes ya había echado raíces demasiado profundas en el corazón de San Francisco de Macorís.
La gente había hecho suyo al equipo,
Gigantes ya no era simplemente un nombre. Era identidad.
Y el tiempo terminó regalándonos una de esas curiosidades que solamente el deporte puede producir.
Mientras el equipo de béisbol estuvo a punto de adoptar el nombre del tradicional equipo de baloncesto de nuestra ciudad, Indios de San Francisco, años después ocurrió prácticamente lo contrario: El baloncesto terminó adoptando el nombre que el béisbol había convertido en símbolo de toda la ciudad.
Gigantes de San Francisco.
Parece un simple cambio de nombre, pero para mí dice muchísimo.
Dice que durante estas tres décadas la palabra GIGANTES trascendió una camiseta, una pelota y un estadio.
Terminó identificándose con todo San Francisco de Macorís.
Hoy usted dice Gigantes en cualquier parte del país y rápidamente piensa en San Francisco de Macorís.
Y eso no se consigue solamente ganando campeonatos.
Se consigue con tiempo.
Con generaciones de fanáticos.
Con padres que llevaron a sus hijos al Julián Javier y con aquellos hijos que hoy llevan a los suyos al mismo estadio y a respaldar el mismo equipo.
Se consigue sobreviviendo a una temporada de (9-51), a cambios de propietarios, a problemas económicos, a tres finales perdidas antes de ganar la primera y hasta a una intervención de la propia LIDOM.
Y también se consigue ganando.
Porque aquel equipo que tardó años para siquiera llegar a una postemporada, terminó disputando seis Series Finales y levantando dos campeonatos nacionales (hasta el momento).
El Primero en 2014-15 y después en 2021-22.
“Curiosamente, ambos frente a las Estrellas Orientales”.
Pero si algo considero más grande que esas dos coronas es lo que ocurrió fuera del terreno.
San Francisco adoptó a los Gigantes y los Gigantes adoptaron a San Francisco.
Y en ese proceso hay que reconocer de manera especial el trabajo de la familia Rizek.
Su respaldo, visión y compromiso fueron determinantes para consolidar a los Gigantes como una institución deportiva representativa de San Francisco de Macorís. A partir de su llegada, la presencia de nuestra ciudad en ambos deportes y en ambos equipos ha sido inmensa y positiva.
No se trata únicamente de tener equipos que compitan.
Se trata de contar con organizaciones que representen dignamente a San Francisco, que proyecten su nombre, que generen orgullo y que mantengan viva una identidad deportiva que hoy trasciende el béisbol y el baloncesto.
Por eso resulta difícil separar una cosa de la otra.
El Julián Javier no es simplemente el estadio donde juegan los Gigantes. Para nosotros es parte de la ciudad.
El rojo vino dejó de ser simplemente el color de un uniforme. Y “Gigante” dejó de referirse exclusivamente al equipo de béisbol.
Ahora tenemos Gigantes en baloncesto y en béisbol.
Quién lo hubiese pensado aquel 25 de octubre de 1996.
Quizás aquellos hombres que lucharon para conseguir una franquicia para el Nordeste pensaban simplemente en tener un equipo de pelota que nos representara.
Lo que posiblemente nunca imaginaron era que estaban ayudando a construir una identidad.
Una que sobreviviría a Pollos, a Indios, a propietarios, derrotas y campeonatos.
Y que tres décadas después estaría más ligada que nunca a nuestra ciudad.
Porque los Gigantes son de San Francisco… y San Francisco, hace rato, se hizo Gigante.
Armando Rendón Coste
@armandorendon
@miopideportes











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