Octubre es el mes del rosario y de las misiones. La Iglesia une la oración y la misión como parte de una misma moneda. Ya lo dice el evangelio: “Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 14). No hay misión sin oración, y no tiene sentido orar para quedarse estancado sin salir a evangelizar, en este caso la oración solo sería un estado de bienestar personal sin ninguna trascendencia espiritual.
El santo rosario es el saludo del Ángel Gabriel a María, que se convirtió en oración. Además, rezar es vigilancia, perseverancia, ascesis y sobre todo deseo de agradar a Dios. Quien ora, abre su corazón lentamente a la voluntad de su Creador. Hace posible elevar su espíritu a los designios de Dios. Por eso, aunque para muchos el Rosario es una repetición constante de una oración, para otros, es una purificación de nuestros pecados y la manera más fiel de mostrar que necesitamos ayuda de lo alto.
De igual manera pasa con la misión, que es fruto del amor de Dios. Por eso en este mes recordamos el testimonio, la entrega y la santidad de Santa Teresa del Nino Jesús, la pasión inmensa de llevar la palabra de Dios a todos los fines de la tierra del Jesuita y español, san Francisco Javier, ambos santos Patronos de las misiones, y una gran cantidad de hombres y mujeres, que ofrecieron su vida y fe en anunciar el reino de Dios, siguiendo el Mandato del Maestro: “«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.” (Mc 16, 15).
Hoy al igual que ayer, necesitamos cristianos de oración y dispuesto a la misión, porque constantemente nuestro mundo se está quedando sin dirección, sin brújula, sin un camino claro a seguir. Cuando esto debería ser lo contrario porque Jesucristo ya marcó la ruta de esperanza cuando afirmó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” (Jn 14, 6). Lo que significa que quien ama, reza y quien agradece todos los dones y carismas recibidos de lo alto, lo coloca al servicio de los demás, porque el corazón del ser humano siempre debe estar abierto a su prójimo.
En definitiva, la Iglesia es misionera y existe para evangelizar (Papa Pablo VI, Evangelii nuntiandi, N. 14). Pero la misión no nace de la emoción, nace del encuentro personal con Jesucristo, fuente y origen de nuestra fe. De aquí que en este mes de octubre hay que renovar nuestro espíritu misionero, regresar al origen de lo que somos, para hacer posible el rostro visible de Jesús. Por consiguiente, a la medida que se asume la oración, se tendrá amor e interés por la misión, porque para llevar a Jesús primero hay que conocerlo y tener experiencia de su bondad encarnada para luego llevarlo a todos los hombres y mujeres que están necesitados del amor y de la misericordia de Dios.
P. Luis Alberto De León Alcántara











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