La Naranja Mecánica (1971) mantiene una vigencia incuestionable medio siglo después de su estreno. La conducta de antisociales y sociópatas que transgreden cualquier norma establecida, amparándose en libre albedrío y la debilidad del sistema para cometer cualquier tipo de fechoría. El filme invita a un profundo análisis interdisciplinario: sociológico, jurídico, psicológico y filosófico.
La tragedia ocurrida semanas atrás en la residencia del cantante Oro Duro; que culminó con la fatídica muerte de su esposa, Sunny, nos obligan a hacer una pausa. Un suceso que nos invita a reflexionar sobre la figura de agresor, Chiquito y que; desde una perspectiva ontológica nos enfocaremos sobre: el ser, la conducta y la naturaleza del mal.
Un reloj automático opera sin la necesidad de batería, basta con el moviendo natural de la muñeca para que su mecanismo interno se active y genere la energía que le mantendrá en marcha.
Alexander, protagonista de la película, y Chiquito son jóvenes que actúan del mismo modo encarnan una existencia puramente mecánica, desprovista de la más mínimo razón. Actúan con la precisión del engranaje de un reloj. El único estímulo que activa toda su adrenalina para existir es la violencia y el desprecio absoluto por la vida.
Alexander o Chiquito son individuos que actúan con la frialdad y crueldad deshumanizante, desprovistos de conciencia o marcos de valores morales que les permitan ponderar la cortesía, la gratitud o el acto sagrado ante cualquier hospitalidad.
En sus almas solo habita una conciencia oscura, vacía, sin luz y sin brillo; seres – si es que así debería llamárseles – incapaces de sentir empatía o piedad ante toda la existencia humana, su esencia es ser despiadados y violentos.
Sunny, al abrir la puerta de su hogar, actúa desde la generosidad inherente del bien, propia de su naturaleza y su cotidianidad. Sin embargo, la hospitalidad dejó expuesta su frágil existencia a la naturaleza impredecible del mal.
Un contrate entre la calidez de la empatía, la nobleza y la generosidad de su cotidiana. A su espalda estaba la frialdad e insensibilidad de su verdugo.
Este inquietante suceso nos deja como reflexión filosofía la degradación de la una sociedad carente de valores y espíritu humano, que parece alimentarse la destrucción para la buena convivencia. Lo lamentable de este hecho es que Chiquito, no es un caso aislado, es solo es una muestra de los sociópatas que siguen germinando en los rincones más oscuros de nuestra sociedad.











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