¿Cómo despertar el deseo de leer cuando una herramienta puede resumir un libro en segundos? Esta pregunta nos invita a revisar qué lecturas ofrecemos y cómo acompañamos a nuestros estudiantes. En tiempos de inteligencia artificial, formar lectores exige renovar las estrategias de enseñanza y convertir el acceso a los textos en curiosidad, disfrute y comprensión.
En Invitación a la lectura, Camila Henríquez Ureña recuerda que el maestro Alain habría hecho de enseñar a leer a todos los franceses una prioridad si hubiera sido director general de Enseñanza. Esa aspiración conserva vigencia: leer implica interpretar, relacionar ideas y construir sentido.
El maestro es un modelo lector. Cuando comparte un libro, comenta un pasaje que lo conmovió o lee con entusiasmo, anima a sus estudiantes a descubrir sus propias lecturas. Debe llegar al aula con un libro físico y una alforja llena de historias, poemas, conocimientos y preguntas. Su ejemplo permite reconocer que la lectura forma parte de la vida.
El libro continúa siendo una tecnología extraordinaria: podemos abrirlo, detenernos y volver sobre sus páginas sin baterías ni conexión. Nunca pasa de moda. A su lado, los recursos digitales amplían las posibilidades de acceder a bibliotecas, obras y audiolibros. La enseñanza debe integrar ambos formatos y orientar su aprovechamiento.
Cada docente necesita un repertorio literario acorde con la edad, el grado, los intereses y la experiencia lectora de sus estudiantes. Propongo un canon orientador, abierto a nuevas voces y a las preferencias del grupo. La OCDE encuentra una relación positiva entre el disfrute de la lectura y el desempeño lector, lo que refuerza la importancia de cultivar ese vínculo.
En los primeros grados de primaria podemos comenzar con adivinanzas, rondas, cuentos ilustrados y poemas como «Los ratones», de Lope de Vega, o «El lagarto está llorando», de Federico García Lorca. Leer en voz alta, jugar con las rimas y representar escenas permite acercarse a la literatura con alegría. En grados posteriores, «Los zapaticos de rosa», de José Martí, ofrece oportunidades para conversar sobre la solidaridad y las diferencias sociales.
Para secundaria y la etapa preuniversitaria propongo «A Margarita Debayle», de Rubén Darío; «La mancha indeleble», de Juan Bosch, y el «Poema 20», de Pablo Neruda. El amor, la imaginación, la libertad y las decisiones humanas pueden despertar conversaciones cercanas a las inquietudes juveniles. Estas sugerencias requieren acompañamiento y ajustes según cada grupo.
En el primer año universitario podemos incorporar «La mujer», de Bosch; pasajes de Hay un país en el mundo, de Pedro Mir, y «La palabra», de Neruda, texto en prosa incluido en Confieso que he vivido. La lectura expresiva, el juego con las palabras y la creación de otros finales también tienen lugar en estas edades: el disfrute puede acompañar el análisis riguroso.
Propongo al Ministerio de Educación impulsar un repertorio de lecturas por ciclos y grados, elaborado con docentes, bibliotecarios y especialistas, y enriquecido con la participación estudiantil. Su selección debe atender a la edad, los intereses, la diversidad cultural y la dificultad progresiva; incluir autores dominicanos y universales, garantizar libros accesibles y ofrecer formación docente para compartirlos. Las universidades podrían desarrollar una propuesta semejante para sus estudiantes de nuevo ingreso.
La inteligencia artificial puede acompañar este proceso. Después de leer, el estudiante podría comparar su interpretación con un resumen generado e identificar omisiones o diferencias, sustentando sus observaciones en la obra. Este uso es coherente con el enfoque de la UNESCO, que coloca las capacidades humanas en el centro de la integración educativa de estas tecnologías.
Tener un texto al alcance de la mano no garantiza que se lea. Hacen falta oportunidades, motivación y acompañamiento. Lograrlo exige renovar las estrategias e innovar en las prácticas de enseñanza: compartir lecturas, abrir espacios de diálogo, incorporar actividades creativas y combinar el libro físico con los recursos digitales. La innovación educativa cobra sentido cuando despierta la curiosidad y ayuda al estudiante a comprender, disfrutar y cuestionar lo que lee.
En tiempos de inteligencia artificial, formar lectores debe ser una prioridad educativa. Para valorar las respuestas de la tecnología necesitamos comprender, contrastar y construir criterio propio. El mayor logro de la educación será que nuestros estudiantes puedan dialogar con la inteligencia artificial sin renunciar a pensar por sí mismos.
Referencias bibliográficas
Henríquez Ureña, Camila (2020). Invitación a la lectura. Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña.
OCDE (2021). 21st-Century Readers: Developing Literacy Skills in a Digital World. OECD Publishing.
UNESCO (2024). Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación.











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