La pasión y el desinterés con que vivió el béisbol romántico, permiten comprender cómo Viterbo Mercado hizo tantas proezas que hoy son dignas de figurar en el libro del records Guinness.
Hoy con 75 años Viterbo, reside plácidamente con su esposa Ynelda María Tejada en Cruz de Cenoví. Aunque de baja estatura, por sus habilidades y talento para la pelota, llenó toda una época del béisbol amateur de la región y protagonizó numerosas hazañas como haber organizado una caravana de 28 camiones que llenó de fanáticos para viajar de Cenoví a Santo Domingo a un intercambio amistoso con el equipo de béisbol de Manoguayabo.
En otra ocasión Viterbo organizó un intercambio con el equipo de la comunidad de La Canela, de Santiago, donde donde llegó a las 5:00 de la mañana en un autobús con 80 fanáticos. Como a esa hora no haba nadie despierto decidieron ir a la iglesia donde el cura que oficiaba la misa anunció la llegada de la delegación deportiva de Cenoví de San Francisco de Macorís y les dio la bienvenida.
Tan intensa era pasión de Viterbo por el béisbol, que con su propio dinero pagó a Radio Merengue para la transmisión de dos partidos de béisbol debido a su ínterés de que los fanáticos que no pudieran ir ese domingo al play disfrutaran de los partidos de pelota desde sus respectivas casas a través de esa popular estación radiofónica.
Por su excelente calidad como jugador y el center fiel estelar del equipo de su comunidad La Cruz de Cenoví, Viterbo participó en rol de refuerzo de los equipos de béisbol de la zona; en tres ocasiones formó parte de las selecciones de San Francisco de Macorís, Tenares, Salcedo, Ranchito y La Vega. Durante 30 años, que jugó amateur mantuvo su promedio por encima de los 300 puntos.
En otras palabras Viterbo era un demonio en la pelota, tenía todas las herramientas que reclama el béisbol de un buen atleta como son bateo, velocidad, fideo, habilidad para tirar la bola y ser bueno en la defensa.
A juicio de Viterbo el beisbol romántico comenzó a decaer a partir del momento que comenzó a pagársele a los jugadores para lograr equipos más competitivos.
Su esposa doña Ynelda María Tejada, comenta que «esos tiempos eran muy bonito y cuando venían equipos a jugar a la Cruz de Cenoví, mi casa se convertía en una especie de hotel, ya que dormían cuatro y cinco jugadores y se les servía los alimentos».
Viterbo, leyenda del béisbol romántico, ha convertido en templo un espacio de su casa para contemplar placas, trofeos y medallas como pruebas tangibles de su hermosa época de atleta que quedó atrás.













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