
Resulta injusto que un emprendedor dominicano, que con mucho esfuerzo ha iniciado su pequeño negocio, pague los mismos impuestos que una empresa grande ya establecida por mucho tiempo en el mercado local.
Las estadísticas muestran que más del 80% de las nuevas empresas quiebran o desaparecen antes de cumplir su primero cinco años de existencia en el mercado. Una de las razones se debe a la alta carga de impuestos que deben pagar al Estado Dominicano.
Muchos emprendedores terminan frustrados y deciden cerrar sus negocios cuando se acerca la fecha de pago del impuesto a la transferencia de bienes industrializados y servicios(ITBIS), el impuesto a Tesorería de la Seguridad Social(TSS), al pago del Impuesto Sobre la Renta (ISR), entre otros.
A todo esto agréguele el alto costo de la energía eléctrica, el pago de la nómina a sus empleados, el pago de intereses a préstamos bancarios y la falta de liquidez que afecta a estos microempresarios.
Si queremos que nuestro país mantenga un crecimiento sostenible y que nuevos emprendedores inicien su propio negocio propondría al gobierno dominicano, que el primer año exonere de impuestos a toda persona que inicie una microempresa.
Que a partir del segundo año este microempresario solo pague el 25% de impuestos, al tercer año un 50%, al cuarto año un 75% y al quinto año un 100% de impuestos. De esta manera estas pequeñas empresas serán sostenibles y podrán pagar los impuestos como la pagan las grandes empresas.
Con esta estrategia, estoy seguro, se crearán nuevas empresas, existe mayor entusiasmo para los emprendedores, se contratan más empleados y las pequeñas empresas serían más competitivas a nivel local e internacional.
Pese a los esfuerzos que ha hecho el gobierno dominicano con la creación de la Estrategia Nacional de Emprendimiento, la creación de los Centros Mipymes para dar asesoría a estos pequeños negocios y la formalización de la empresa para convertirse en proveedores del Estado, no ha sido suficiente para que sobrevivan.
Todo negocio inicia con una idea, un sueño, una pasión y una necesidad de dar a la sociedad un producto de calidad. Cuando compramos un producto o recibimos un servicio de mala calidad, pensamos rápidamente en soluciones y de ahí surge la idea de abrir el pequeño negocio.
Como consultor empresarial siento impotencia cuando veo que el sueño de estos emprendedores termina en una frustración. Una idea que pudo mejorar la competitividad y desarrollo del país termina de la noche a la mañana por esta carga impositiva que lo afecta y lo ahoga rápidamente.
Lo que usted debe tener es una mente abierta a los cambios y sujeto a las tendencias que le ofrece el mercado. Jamás piense en fabricar un producto o brindar un servicio para satisfacer su propio ego, lo correcto es pensar en el gusto y preferencia del cliente.
El autor es asesor de la empresa de consultoría y capacitación REPSAPInternational, SRL. 809-583-7254, Santiago y todo el Cibao. www.repsapinternational.com, repsapinternational@gmail.com











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