EL JAYA valora que quienes han gobernado el Estado Democrático usan un manual de estilo, leyes y métodos de aplicación de cómo gobernar dejado por Trujillo: no cumplen promesas, reprimen las demandas sociales y tienen al pueblo en la antesala del infierno.
República Dominicana conmemora el 30 de mayo de este 2012, el 51 aniversario del ajusticiamiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, quien por su habilidad, sentido práctico y capacidad de maldad se le considera el Genio Político Dominicano del Siglo XX.
Rafael Leonidas Trujillo
Dos acontecimientos planeados y dirigidos por Trujillo, uno en el proceso de toma del poder, y el otro un año después de asumirlo, dan la medida para entender la habilidad de que era capaz.
Con el primer episodio el dictador puso fin al largo período del caudillismo rural y regional que había mantenido en zozobra y profunda anarquía al país desde la caída del gobierno de Buenaventura Báez en 1874.
Ordenó cortarle la cabeza al general Desiderio Arias, guerrillero y caudillo de la línea noroeste, quien era su “amigo”, pero encabezó un alzamiento con un grupo de seguidores contra el recién instalado régimen.
El teniente Ludovino Fernández cortó la cabeza al cuerpo de Desiderio Arias y la metió en un macuto hasta que Trujillo llegara al lugar donde se encontrarían.
Cuando Ludovino le dijo: “General le tengo la cabeza de Desiderio, Trujillo le respondió?: “Muy mal hecho por usted”.
Dispuso que un médico a su servicio preparara el cadaver, le uniera la cabeza al cuerpo cosiéndola de manera que no se viera que se la habían cercenado y mando una comisión a entregárselo a la esposa y transmitirle las condolencias a nombre del gobierno.
El segundo episodio se produce en el montaje del complot contra el Presidente Horacio Vásquez quien lo había a general de brigada, jefe del Ejército Nacional y lo consideraba como a un hijo.
Al enterarse del plan para derrocarlo, Vásquez visita a Trujillo en su despacho y le pregunta: “General deseo saber si soy su presidente o soy su prisionero?”.
Trujillo le contestó: “Señor, usted es mi presidente. Déme las órdenes que usted quiera”. Pero el complot estaba en marcha y el 23 de febrero de 1930 comenzaba otra etapa conocida en la historia nacional como La Era de Trujillo. Esos gestos cínicos y dramáticos lo graduaban como actor de primera categoría. (Trujillo, Monarca sin Corona, Euclides Gutiérrez, páginas 65 a la 106).
Este controversial personaje, aún 51 años después de su desaparición física, concita encendidas pasiones encontradas en el país político: unos lo defienden, endiosan y le aman, al grado de que exclaman con frecuencia “aquí lo que necesitamos es un Trujillo”. Otros lo odian, aborrecen y lo satanisan con expresiones como “Trujillo fue un aborto criado, donde tiene que estar es en el infierno y frito con alquitrán”.
Gobernó al país con manos de hierro, de tal modo que se convirtió en dueño de vidas y haciendas. Durante su 31 años de dictadura todo estuvo supeditado a sus caprichos, necesidades y decisiones.
Su figura y acciones fue tema de inspiración de poetas y escritores. Hoy, 51 años después de su muerte, por razón comercial, está en desarrollo el fenómeno editorial conocido como la Trujillización de la literatura de la historia nacional moderna, en motivado a que lo que más se vende en las librerías son las obras que tratan sobre Trujillo.
El estilo de gobierno que impuso el férreo dictador se reproduce de forma instintiva y automática en amplios segmentos de la vida nacional social y política, que se expresa en el comportamiento del trujillismo sin Trujillo. Es decir, Trujillo no está, pero quienes nos han gobernado y gobiernan lo hicieron y actúan con el sello de Trujillo: reprimen las manifestaciones de reclamos de solución a problemas y necesidades sociales; y someten a la población a su voluntad y dictámenes.
Esto explica el por qué los políticos buscan el poder y mantenerse en él a cualquier costo para influir y enriquecese; mientras los demás ciudadanos se acomodan a las condiciones que les crean los mandantes.
Por ejemplo, Trujillo asumió el poder y permaneció 31 años y si no le dan de baja lo hubiésemos sufrido por muchos más años. Joaquín Balaguer y Leonel Fernández prolongaron su estadía en el poder y hasta Hipólito Mejía intentó extenderla.
En realidad los regímenes que encabezaron Trujillo, Balaguer, Mejía y ahora Fernández se diferencian en que el que encabezó Trujillo era una dictadura y garantizaba que sólo él podía robar y acumular la mayor fortuna sin que nadie pudiera denunciarlo ni pedir justicia; mientras que en los llamados gobiernos del período democrático se enriquecen todos los funcionarios cercanos al presidente y quienes estos deciden favorecer, sin que nadie vaya a la cárcel aunque los robos se denuncien y se documenten con pruebas fehacientes.
EL JAYA valora como paradójico que alrededor del 51 aniversario de la caída de la dictadura de Trujillo, se dediquen más tiempo y energías a conmemorar ese acontecimiento que a resaltar los logros del Estado Democrático que han gobernado Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Jacobo Majluta, Salvador Jorge Blanco, Hipólito Mejía y Leonel Fernández.
Para un Estado Democrático bien gerenciado y mejor administrado, 51 años es tiempo suficiente para que en estos momentos se exhibieran como logros: cero analfabetismo o muy baja tasa de iletrados y buena calidad de la educación como se reclama ahora; seguridad social satisfactoria para todos los dominicanos; haber superado las condiciones infrahumanas en que viven millones de dominicanos, haber resueltos los servicios de agua potable, electricidad y transporte público; pleno desarrollo de la producción agrícola y pecuaria garantizando la autosuficiencia alimentaria con estímulos y medidas de protección para los productores.
Como políticos, Trujillo y los gobernantes del período democrático -con contadas excepciones-, tienen en común el cinismo y la simulación para alcanzar el poder y mantenerse en él usando una especie de manual de estilo, leyes y métodos de aplicación de cómo gobernar: reprimir las manifestaciones sociales cuando se les reclama resolver los problemas fundamentales para el desarrollo del país.
Con ee manual han aprendido a servirse del pueblo y empobrecerlo hasta llevarlo adonde se encuentra: en la verdadera antesala del infierno.











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