“La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”. Miguel de Cervantes
El inmenso esfuerzo que hacen la clase dominante como la clase gobernante para mantener distraído a nuestro pueblo, facilitándosele así un mejor y más efectivo proceso de cosificación y manipulación, les ha llevado a emplear cuantiosos recursos económicos, políticos, jurídicos, psicológicos, teológicos, tecnológicos… que cotidianamente son manejados por un grupo de mercenarios al servicio de las violaciones a las normas y las leyes.
Por eso viven mercadeándole a este pueblo, para supuestamente acabar con la delincuencia, percepciones como celebrar las acciones extrajudiciales de la P.N. y dar el visto bueno a una posible ley que contemple la pena de muerte que, de llegar aprobarse, puede usted tener la plena seguridad que en el marco contextual dominicano donde las principales instituciones como la justicia, el congreso y otras su funcionamiento es mas caricaturesco que real, sería un nuevo instrumento jurídico en manos del opresor y el megaladrón para aplicarlo contra los pobres, especialmente contra aquellos que sus pantalones no necesitan bolsillos.
El filósofo y pedagogo brasileño, Pablo Freire, en su libro Pedagogía del Oprimido, señala con mucho rigor: “en verdad, lo que pretenden los opresores es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime, a fin de lograr una mejor adaptación a la situación que, a la vez, , permita una mejor forma de dominación”.
Ese es exactamente el sucio papel que mediante una jugosa recompensa (RD$ y US$) y otros beneficios colaterales les tienen asignados a un grupo de mequetrefes que, haciendo uso y abuso de los recursos del Estado (entiéndase lo que le pertenece a cada ciudadano), están persistentemente en los medios de comunicación tratando de distorsionar la realidad: liberando al opresor y condenando al oprimido, exculpando al gran ladrón y castigando al que ha sido robado.
No venceremos jamás el cáncer de la delincuencia en la sociedad dominicana con tan solo podar el árbol, mientras el tronco y sus raíces permanecen intactos, y que por lo regular se encuentran insertados en los estamentos de poder.
¿O se nos olvidó que las ramas, las flores y los frutos provienen del tronco y éste a la vez de sus raíces? Si se desea, si en verdad se quiere aniquilar el árbol de la delincuencia en República Dominicana, empecemos derribando el tronco y luego extrayendo sus raíces, donde las más vigorosas de ellas no están precisamente asentadas en los barrios marginales, como a este pueblo, por lo común, se le quiere vender.
El poco interés que históricamente ha exhibido el Estado y sus gobiernos para brindarle una educación de calidad a este pueblo, ha sido la principal plataforma a su favor para desde ahí aplicar su eficaz mecanismo de engaño y manipulación. Es por esta razón, la gigantesca responsabilidad que pesa sobre los hombros de cada maestro/a y de todo aquel o aquella que de una manera u otra permea el pensamiento de niños/as, adolescentes y jóvenes para educarlos y guiarlos por una cultura de paz, misma que lleva implícito, educar por la equidad y la justicia social.
Concluyo con las ilustradas palabras del maestro francomacorisano Roberto Santos Hernández, recogidas en su obra La Biblia y el Talmud de San Francisco (2001):”Educar para la convivencia democrática; para la vida, la solidaridad, para elevar la calidad del ambiente, para la inclusión social, sin renunciar a nuestra dignidad y especificidad histórico-cultural son utopías en la agenda de este tercer milenio”.
Continuará…
El autor es profesor jubilado de la Escuela de Sociología de la UASD.











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