Mi querido Mundo:
¡Quiero contarte cuando fuiste mio! Al finalizar el último discurso del presidente Danilo Medina, me llamó un amigo para invitarme a tomar algunas cervezas, antes que las subieran de precio.
Todo comenzó por una, como comienzan las grandes cosas, luego otra y otras, hasta llegar a los niveles de dormidos; fue ahí cuando me regalaron el mundo, mi alegría fue tal que me sentí un favorecido de la gracia de Dios, lloré como los grandes triunfadores, de alegría plena.
Luego vino la calma, el minuto de alegría lo viví como todo un día, hasta que surgió la pregunta ¿dónde coloco el mundo?, ¿en qué espacio?. La respuesta negativa me llevó a la más profunda tristeza nunca conocida al solo pensar que tenía que dejar el mundo en el mismo lugar por falta de espacio, dejárselo a tantas gentes malas y buenas, por las gentes malas sentía rabia, y por las buenas, sentía una envidia que me ocupaba el pequeño espacio del ama, destinado a sentir esos efectos que deshumanizan al hombre, “La Envidia”.
Les confieso a ustedes que los 10 segundos más largos de mi vida, fueron cuando el mundo era mío, y no tenía puesto para dejarlo, la depresión, la ansiedad, el moderno stress; todos juntos se apoderaron de mi vida, no fue fácil sentir por 10 segundos tantos males psiquiátricos al mismo tiempo, hasta que me surgió la brillante idea de dejar el mundo donde estaba, y solo amar las pequeñas cosas de poco espacio, mi perfume de frasco pequeño, mi único zapato negro de cordones, el televisor pequeño que me regaló mi tía, mi casita de dos habitaciones, un solo perro, un solo gato, cinco amigos, veinte enemigos solamente, cuatro camisas, tres pantalones de salir, dos cervezas por semana, un pote de ron al mes, un solo gallo y una sola mujer.
Después de aquello, sólo amo los detalles, las cosas pequeñas que puedan caber en mis bolsillos, las cosas que puedo cuidar sin necesidad de un policía, aprendí que por cada minuto de sufrimiento se necesitan 15 minutos para recuperarse de ese minuto, ya no sufro, si por descuido las vacas entran a mi jardín y se comen todas las flores y dejan la primavera sin tocar; con esta experiencia aprendí que el camino del triunfo siempre esta en la reparación, y que caminar en zig zag, no es devolverse, ni desviarse en el camino, cuando la recta está llena de obstáculos; además aprendí que nadie puede ver lo que viene después de una curva, aunque sea un camino conocido, y no sólo está perdido aquel que sabe qué hacer con la puerta de la salida, mucho menos con la puerta de entrada.
Ahora amo lo simple, y las cosas complejas las rechazo, admiro a toda una vida, rechazo a los ricos que al morir dejan grandes cosas para que los herederos se maten por ellas, rechazo a los presidentes que se reeligen porque sienten que cuatro años es muy poco, amo a las abejas que con sus pequeñas patitas son capaces de sembrar grandes mazorcas de cacao, a las diminutas hormigas capaz de oler a la hembra a mil metros de distancia y ofrecerles su amor al descubrirla, embarazarlas y en vez de hacer grandes elefantes, nacen de hormiguitas con todas las intenciones que sean felices.
Amo lo pequeño, quizás hasta lo poco, si alguien no lo cree, duerma, sueñe igual que yo que le regalarán el mundo, entonces despertará alejándose del sol, para sentirlo más pequeño.
Atentamente,
Manolo Bonilla.










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