Querida Marcha Verde:
Eres hija natural de este momento histórico, sin ideología, sin lucha de clase antagónicas y sin un medio de producción definido ni proletario, ni capitalista, más bien somos vendedores de servicios, como las prostitutas que se hacen llamar “trabajadoras sexuales”, y los políticos se hacen llamar “empresarios” y los gay (homosexuales) es un luchador permanente de la igualdad de todos los seres humanos, capaz de abrirse de par en par como un paraguas amarillo pidiendo el 4% para la educación o un paraguas verde pidiendo el cierre de la corrupción y la impunidad.
Eres una bendición de Dios, y no deja de ser parte original de ese grupo contestatario y atrevido del ex embajador de EU James Brewster, capaz de formar grupos de jóvenes inteligentes con dominio total del internet y de fusiles cibernéticos en sus manos formando una red revolucionaria de comunicación creadora de la primera marcha el 22 de enero 2017.
Sigo creyendo que eres como un fenómeno atmosférico “Un ciclón o un terremoto, que no son producidos por individuos algunos, ni partidos políticos, eres un fenómeno sin cabeza, unicelular y de corta duración, pero puede ser de gran utilidad para la sociedad, aun que te mueve y te aparece como el cometa Hamlet de tiempo en tiempo.
Querida marcha verde llegaste en el 1844, con la independencia, regresaste con la muerte de Trujillo 1961, volviste con la revolución de abril 1965 y eres tan noble que vuelve y regresa ahora en el 2017, cuando la corrupción y la impunidad está peor que el 1844 con Pedro Santana, Buenaventura Báez, Joaquín Balaguer, Jorge Blanco, Hipólito Mejía y la más perversa de América, las del PLD.
De todas formas te pido perdón por el pueblo dominicano y en especial por el grupo de izquierda que no hemos sido capaces de aprovechar tu corta estadía en cada momento histórico, pero ahora no esta Balaguer, Peña Gómez, ni Juan Bosch de este último te cantaré un chin de su cuento la “Mancha Indeleble”.
“Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas, y yo las veía colocadas en una larga hilera de vitrinas que estaban adosadas a la pared de enfrente.
“Ahora estoy en casa, tratando de lavar la camisa. Para el caso, he usado jabón, cepillo y un producto químico especial que hallé en el baño. La mancha no se va. Está ahí, indeleble. Al contrario, me parece que a cada esfuerzo por borrarla se destaca más”.
Atentamente
Manolo Bonilla.










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