El día de San Valentín es una festividad de origen cristiano que se celebra el día 14 de febrero de cada año en conmemoración de las buenas obras realizadas por San Valentín de Roma, relativas al fomento del amor universal, la amistad y fraternidad entre las personas.
Su origen data de la edad antigua, específicamente del tercer período de la historia Romana (Imperio), cuando la iglesia católica quizo hacer contrapeso a las fiestas paganas que se celebraban en Roma, con la clara intención de lograr la expansión del cristianismo, cuestión que pudo lograr pues pudo alcanzar los continentes: africano y asiático sin problema alguno.
Cupido en cambio, es el dios del deseo amoroso en la mitología Romana, equivalente a Eros en la mitología Griega y es representado por un niño con alas, de ojos vendados (de allí que se diga que el amor es ciego) y que porta un arco y una alejaba llena de flechas de amor para hechizar a las personas y hacerlas enamorar cuál hechizo mágico.
En la cultura popular esta festividad es concebida como la oportunidad perfecta para enamorados, parejas y amigos para recordar los lazos de amistad que les unen. En distintos países es celebrado de distintas formas pero el fin en esencia es común: exaltar los mejores valores de confraternidad, amor y amistad.
En República Dominicana este día es símbolo del consumismo, el ajetreo tras la compra de rosas, chocolates y otros tantos presentes; el color rojo al vestir y el poseer salidas nocturnas a restaurantes y otros lugares que por lo regular se saturan estos días, pues ya se ha vuelto tradición popular el que así sea.
Ya es costumbre observar las tiendas abarrotadas, las decoraciones en las tiendas con una semana de anterioridad, los anuncios de ofertas con motivo al día de San Valentín, así como la planificación de fiestas con artistas que cantan al amor. Asimismo, las floristerías, tiendas de desayunos personalizados y de arreglos prediseñados poseen un clímax en su cantidad habitual de pedidos y todo con el fin de demostrar materialmente el amor y la amistad que entre unos y otros todo el año no se percibe.
Las redes sociales no son la excepción, se inundan de fotografías alusivas a los regalos ostentosos recibidos, los arreglos florales y sobretodo la presunción de aquellos que gozan de la compañía de un ser pudiente el cual les enamora a base de regalos materiales pero que rara vez ha compartido emociones sinceras y detalles de su esencia.
No sorprende el hecho de observar declaraciones de amor, peticiones de matrimonio, reconciliaciones y son muy escasas las parejas que por claro interés material y miedo a que no llegue el tan anhelado regalo, lleguen a San Valentín estando separados, en contradicciones o bajo peleas por cualquier aspecto, pareciera que cupido puede unir «al menos por un día» a todo mundo, pero… habría que indagar si esto responde a la verdad o es simplemente motivado por intereses meramente materiales y de exhibición social.
Todo esto ocurre, mientras los teléfonos se saturan de imágenes difundidas sobre el amor y la amistad, en los centros turísticos se desborda su recepción de huéspedes y las personas simulan ser felices ante las cámaras, aunque en lo secreto estén separados de un todo, quizás motivados por el qué dirán los demás; para maquillar y/o intentar hacerse los tontos ante la realidad que les afecta.
Tal parece fuese obligación o imposición el hecho de aparecer con un regalo este día ante la puerta, el trabajo o el hogar mismo, si no quieres ser tipificado y señalado como un mezquino, fuera de base y poco detallista, como si acaso esto fuese equivalente al grado de afecto, interés, amor y cariño que se tiene por la otra persona. Se actúa como que cupido hubiese escrito un manual de acciones a realizar estos días que incluyese entre otras cosas: actuar con felicidad, aunque estés triste, mostrar y presumir a otros la dicha que tienes de estar junto a otra persona que te consciente los caprichos y por último, pero lo más destacable en esta lista: el invertir lo que no se tiene en regalos, pues a mayor regalo, mayor grado de amor y afecto se tiene la mala percepción que existe.
A veces se nos olvida que de acuerdo al materialismo histórico, la superestructura (cultura, educación, iglesia) opera para mantener la estructura imperante (sistema capitalista) y el consumismo que es uno de sus elementos meritorios, que para mantenerse la estructura de turno se deben fomentar prácticas, tradiciones y festividades que llamen al derroche, el despilfarro y el consumo extremo sin importar las secuelas en la economía personal que este pueda generar.
Estas festividades son una práctica más del consumismo y en mínimo grado son una expresión de afecto y amor genuino, auténtico y sincero. El amor y la amistad son aspectos que deben ser expresados sin fecha alguna, sin razón aparente y sin motivos de competir entre parejas y amigos por quien es el mejor postor o galardonado.
Sopena sobremanera el hecho de que parezca que hay que colocar una fecha para que los seres se den cuenta que deben crear lazos de interdependencia, afecto y amor entre ellos, cuando se cuenta con toda una vida llena de meses, semanas, días, horas y segundos que pueden hacerse especiales para el otro ser sin importar cómo y con qué.
El amor y la amistad son algo más que rosas y chocolates, son algo más que una demostración efímera con fines de exhibición pública, reflexionemos y valoremos en su justa medida a cada quien sin distinción de días, fechas, horas y/o festividad, solo así podremos tener una sociedad mejor, más justa y con valores de alta estirpe como la paz, confraternidad, amistad, valoración y el amor que tanto nos hace falta, hoy que nos dirigimos cada vez más a la cultura del envase, donde la envoltura posee más valor que el contenido, te invito a que tengas y valores elcontenido por sobre la envoltura.
A modo de conclusión, les dejo una reflexión a modo de consejo de vida:
«Si vas a amar, asegúrate de hacerlo fundamentado en lo que no se puede observar; pues aquello que se ve: cambia, se modifica, se arruga, se vuelve flácido, se estría. En cambio, lo que no se ve: madura, se torna dulce, acresenta, se embellece y es inmutable con relación a lo observable».
El autor del artículo es docente del nivel secundario en el centro educativo San Vicente de Paúl, Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y en la actualidad cursa estudios de Maestría en Investigación Científica en la Universidad Católica Nordestana (UCNE)











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