La posición permisiva ante las acciones de los estudiantes ha incrementado su irresponsabilidad y disminuido su interés.
Dejadez, irrespeto, irresponsabilidad, indisciplina, deserción escolar, bajo nivel de comprensión, escaso hábito de lectura, limitada producción… son algunas de las características que describen un porcentaje considerable de la población en edad escolar en nuestro país. Lograr cambiar el panorama es una tarea pendiente y que involucra todos los actores del proceso, sobre todo a las autoridades educativas.
El diccionario Panhispánico de dudas define la permisividad como cualidad de permisivo (que permite o consiente) y tolerancia excesiva (RAE, 2005: 497). Acepción que recoge la actitud de las actuales políticas educativas que rigen el sistema educativo dominicano, las cuales han tergiversado el protagonismo del estudiante hasta convertirle en un ser sin el más mínimo sentido de responsabilidad. El estudiante de hoy, adjunto a sus padres y/o tutores solo se preocupa por estar dentro del sistema, pero no asumen el rol correspondiente.
La permisividad está tan arraigada que ya no es necesario tomar en cuenta la asistencia. El estudiante va cuando y como quiere al centro y debe ser aceptado sin chistar. Algunos han agredido pares y maestros y no son sometidos al régimen disciplinario, dando luz verde a que la conducta propague.
Según el psicólogo escolar, Quicios (2015) la permisividad en exceso aumenta el riesgo de desarrollar conducta problemática, limita las habilidades sociales y provoca inseguridad y baja autoestima. Estos aspectos reseñados por el experto sustentan la tesis planteada y son una alerta a considerar tanto en la familia como en la escuela.
Para minimizar las conductas desafiantes que impera en niños y adolescentes, Cuicas (2019) recomienda establecer límites claros y oportunos. Así como disciplinar de manera respetuosa e instaurar normas, lo cual puede limitar las actitudes desafiantes y melaganarias, pues tendrán que enfrentar las consecuencias de sus actos.
En resumen, el ambiente escolar se ha convertido en el terreno más fértil para cosechar conductas inadecuadas en los estudiantes a causa del auge de la permisividad, lo cual reduce considerablemente su interés. No es posible que importe más el número de matriculados que la calidad y el perfil de los egresados.
Es momento de reflexionar y encausar la convivencia escolar hacia el logro de objetivos que apunten a la calidad, al desarrollo personal y social, que se fomente el respeto a la vida, al ambiente y las normas, siempre buscando el bien común. Asignar responsabilidades y establecer límites puede cambiar el porvenir, no aceptando como bueno y válido todo lo que nos quieran imponer los estudiantes y sus irresponsables conductas. Es hora de reducir la permisividad si se pretende incrementar el nivel de competencia de los estudiantes, ya que a menos exigencias, menor será su compromiso.
La autora es Licenciada en Educación Mención Filosofía y Letras y Facilitadora de la Formación Profesional. En la actualidad cursa estudios de cuarto nivel en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español y especialidad en Lengua Española y Literatura; además de Psicología Escolar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Recinto San Francisco. Se desempeña como docente de secundaria del Ministerio de Educación de la República Dominicana y facilitadora del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (INFOTEP) en las áreas de Ortografía y Redacción.











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