Siempre llevaré a José Florentino en el corazón. Lo conocí en las aulas universitarias. Yo venía de la UASD y el manifestaba la misma rebeldía que el Alma Mater que abandoné; su actitud era de inadaptación en una universidad que sin ser declarada católica, tenía toda las características de serlo (me refiero a la nordestana).
Era inteligente, perspicaz, brillante, su análisis era como una cimitarra sarracena: certero y mortal.
Había sido Seminarista, miembro de la orden de los Jesuitas que sin lugar a dudas es la orden de los intelectuales de la Iglesia con disciplina militar, había viajado a China a entrenarse en la Academia Militar de Nanking de donde egreso como oficial. José Altagracia de Jesús Florentino Sánchez, tenía un nombre muy eclesiástico para ser ateo, pero se entendía su madre Doña Felipa Sánchez le había puesto el nombre y era extremadamente católica.
Era de Caballero Cotuí y aunque ocupó el cargo de Juez de Instrucción nadie lo conocía por su nombre de pila, hasta que le dijeran el apodo: Cayacoa.
La historia de este apodo es jocosa y retrata de alguna forma su carácter. Siendo Juez de Instrucción en Cotuí coincidió con el hecho de que la empresa española «Agroman» construía la Presa de Hatillo, una noche de viernes el famoso bar cotuisano «El Flamboyan» se encontraba atestado de público y entre ellos los principales ejecutivos de la empresa española, todos españoles obviamente cuando José se le acerco a los que estaban en la barra y le reclamo por el descubrimiento de América, el saqueo, el exterminio de los indígenas y la esclavitud de los negros y no conforme con ello, le mostro su “Enriquillo” 38 y les manifestó que ese no tiraba flechas como los indios sino balas, los saco a todos a punta de revolver del lugar.
Al día siguiente el ejecutivo principal de Agroman visito temprano a Don Machano Agramonte, Presidente del Partido Reformista y caudillo político de la comarca, lo que motivo que este mandara a buscar al Juez de Instrucción, hijo de su comadre Felipa y protagonista de una escena nocturna que podría poner en riesgo el proyecto de la presa.
Cuando José Florentino traspuso el umbral de la puerta, Don Machano le aspectó: «Tu te cree que eres Cayacoa». Lo demás es historia.











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