En muchos pueblos, la historia, las Ciencias Humanas y Sociales no resultan extrañas a las jóvenes generaciones porque en las calles, y plazas públicas hay estampas del pasado, también en museos, en la arquitectura de las edificaciones civiles, sagradas, militares y estatales. Cualquier seguridad ilustra como guía turístico, se interioriza así la historia de manera visual y auditiva.
Es natural el carácter ignaro en nuestra población en Ciencias Sociales teniendo presente el contexto que nos contiene. Con el perdón de que “la verdadera Ciencia es la Ciencia de la Historia” (V.I.U) porque todas las disciplinas son históricas; particularidades sobre la Ontología que corresponde a determinada porción de la naturaleza, la sociedad o el pensamiento. Ante toda realidad existen causas materiales que la explican y los humanos por racionalidad podemos acceder o aproximarnos de manera ascendente al conocimiento de esa realidad.
En nuestro sistema educativo sólo es posible conocer migajas o cápsulas de Ciencias Sociales. En un proceso de aprendizaje interdisciplinario se podría aprender e investigar en Matemática por medio de la Historia de la Matemática; se conoce tanta Química como la que es posible asimilar por medio de la Historia de la Química; Esto puede enunciarse para la Biología, Pedagogía, Geología, Filosofía…
De cara al 242 aniversario de elevación a la categoría de ciudad del Rincón de Santa Ana de San Francisco de Macorís, subsisten pocas evidencias del pasado, entre nosotros, como si nos caracterizáramos por ser depredadores; cavernas y cementerios de los Macoriges y Ciguayos, han sido extinguidos en nombre del Progreso.
San Francisco nunca tuvo las características identitarias de las primeras ciudades españolas en América, pero el templo en el Parque Central era un rasgo distintivo, como se percibe en la Catedral Primada al lado del Parque Colón, así en La Vega y hasta en el reciente Salcedo.
Aquí desapareció la eléctrica de Mejía, el Palacio de Bellas Artes; los últimos restos de la terminal del Ferrocarril, el suelo y subsuelo, los rieles pasaron a Metaldom engrosando capitales privados; con el perdón de Zamira Asilis, Manuel Ortega y Manolo Bonilla, el 1913 como fecha de culminación del pórtico en el mercado viejo es conservado.
Las demandas de prioridades que se esgrimen son obras que no son el resultado de estudio de necesidades, sino pretextos para engrosar activos particulares, sin que se cumpla la tasa de retorno establecida en la ley de plusvalía. Añoramos inversión industrial y si alguna vez ha aparecido algún inversionista, éste ha sido dinamitado desde círculos privilegiados.
Nuestro Parque Duarte en los últimos 50 años ha mostrado 4 rostros; algunas de sus remodelaciones responden a intereses particulares. La opinión pública y municipal no son indispensables en principio, sólo es necesario un empresario, un publicista y un religioso que argumenten y bendigan. En Francia hasta los delincuentes que prepararon un plan para asesinar al estadista Charles de Gaulle, encontraron a un religioso para bendecir el arsenal.
Fue Manolo el humanista que lloró y denunció la barbarie de ver los restos y ladrillos esparcidos como escombros, del templo que tuvo presencia en el Parque Central hasta el terremoto de agosto del 1944. Los materiales de construcción, el ladrillo, el arco de medio punto y ojival son testimonio de una época ausente en la arquitectura del Macorís actual, cuyo rostro arquitectónico parece ser más griego que románico, renacentista o republicano.
El espacio donde estuvo ese templo debió ser estudiado, no porque los restos de Ulises Heureaux vibren en la catedral de Santiago; no para complacer a Manolo; se hubiese estudiado si viviésemos otra etapa civilizatoria que no fuese de depredación e indiferencia.
En 1990, quien escribe y Manolo rechazamos la concertación y sus antivalores, replegándonos en el bosque. Allí lo sorprendí en su proyecto vacacional al morir una tarde reciente con el pensamiento encendido culminando réplica del templo extinguido.
Como el soldado que no se rinde, ese proyecto está para ser replanteado. Si cuando se iniciaba la ultima remodelación del Parque Central no pasó de ser como sostuvo Juan Zorrilla “El eco de un rezo no escuchado que camino al cielo el viento lleva”. Ojalá que alguna vez sea observable en el espacio correspondiente. Réplica de la que fue la Parroquia Santa Ana en el Parque Duarte. Esta también podrá ser un hito de nuestro mini-turismo religioso.











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