Los espectáculos públicos nunca dejan de ser un atractivo para las personas, sobre todo cuando se trata de una “profecía” que simboliza esperanza ante la oscuridad por lo que atraviesa la humanidad.
Cuando el sentido común se nubla, sin medir los riesgos que implican las aglomeraciones ante una pandemia que requiere del distanciamiento social, una de las medidas necesarias para detener su expansión; puede ser letal. No solo para los que asistieron a “la revelación divina” del peregrino, sino también para aquellos que le esperan en sus hogares, sanos.
La Academia, escuela fundada por Platón, planteó que cuando educamos nuestros ciudadanos a todos por igual, garantiza un orden social. Ese orden social lleva a los ciudadanos a cohabitar en armonía, porque es un ciudadano consciente que conoce las leyes y las normas que rigen la sociedad a la que pertenece, éstos serían incapaces de violarlas porque saben que hay régimen de consecuencia ante la desobediencia civil.
La educación como símbolo de la prudencia nos lleva a acatar las medidas señalas por las autoridades de salud y el cuerpo policial, autoridades que tienen el deber de garantizar la vida de sus ciudadanos y de aquellos que no acaten el llamado a la obediencia. La más importante: QUEDARNOS EN CASA.
Este acto fue protegido y auspiciado por las autoridades de Puerto Plata. Acciones de esta magnitud nos llevan a la reflexión de que debemos saber elegir muy bien quienes ha den llevar las riendas de dirigir de nuestro país.
Tal como lo idealizó Platón, la sociedad perfecta aspira a que sus gobernantes la dirijan con sabiduría. La prudencia en este caso como virtud para el bien social.
Ante esta pandemia que azota la humanidad, tenemos el deber de escuchar las recomendaciones de las autoridades: quedarnos en casa, usar la mascarilla y la distancia social.
Muchos sectores siempre estarán interesados en manipular el subconsciente de las personas y cuando su rostro es la ignorancia, resulta mucho más atractivo para alcanzar los objetivos deseados; ya sea de índole político o religioso.
Aunque me quedo con varias interrogantes del peregrino que se desplazó por diferentes ciudades: ¿Llevaba éste la sanación para la pandemia? ¿Las autoridades locales estaban al tanto para recibir al peregrino con el mensaje divino? O ¿será esto un acto político más?










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