Por Lucas Rafael
Cuando siendo un adolescente leí los Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada de Pablo Neruda, una de las obras cumbre de la literatura latinoamericana, escrita cuando el autor tenía apenas unos 17 o 20 años, publicada en 1924, con la ayuda de un amigo suyo. Después de esta vendrían muchas obras, las cuales le dieron una dimensión universal en el género de la poesía y la lucha social, esta última expresada, sobre todo en su obra “Canto General”.
El escritor de los “Cuadernos de Temuco” y de “Memorial de Isla Negra” no concebía un poeta que no se enamorara, por eso, en su epistolario encontramos el amor secreto del poeta anciano y que sería el capítulo final de su vida, allá por el 1971. Matilde Urrutia, la mujer a la que siempre le fue leal, pero no fiel, tenía un hermano llamado Francisco, quien a su vez tenía una hija llamada Alicia. Esta última había tenido una relación amorosa que de ella tuvo una hija llamada Rosario, al padre abandonar a la madre y su hija, Matilde recoge a su sobrina y a su hija. Alicia llamó la atención a Pablo Neruda, y por la intuición que tienen la mayoría de las mujeres, un día salió Matilde, pero regresó antes de tiempo, encontrando al poeta con su sobrina en la cama, in fraganti.
La relación amorosa de Pablo Neruda con Alicia, la cual comenzó por el año 1960 y que se extendería por espacio de tiempo de más de siete años, dio lugar a que éste escribiera la obra “La Espada Encendida”. Una relación que se mantuvo en un estricto silencio, no solamente del poeta, sino, sobre todo, de Alicia. Al descubrir Matilde la situación, o confirmarla, toma dos decisiones: echar a Alicia de la casa y la de irse a México con la amenaza de no volver, decisión última que fue subsanada o revocada posteriormente.
Muchos años antes Neruda se había dedicado a la lucha social, no solamente en Chile, y había optado por participar en la política, por eso cuando en 1970 ganó las elecciones su amigo Salvador Allende es designado embajador en París y con el trabajo también Jorge Edwards, quien describe a Alicia como una mujer de treinta años, para ese entonces, es decir, que el poeta tendría más del doble de la edad de su amante, y quien al ser ministro consejero de la misión diplomática, tan pronto se instalaron en París en 1971, Pablo Neruda le advierte de las cartas que le llegarían a nombre de Jorge Edwards, pero que eran para él, lo que debía manejar con la máxima discreción, serían de una o dos cartas por semana. Desde París el poeta envía maletas llenas de regalos a Rosario, hija de Alicia, entrega que se hace de manera misteriosa. A la escritora confidente de Neruda le consta que éste le regaló una casa en Pedro de Valdivia Norte, o sea, que esa relación amoroso llegó más lejos que la que muchos piensan, en un estricto hermetismo, ya que poca gente conocía de ella, y en ese entorno sentimental estuvo Giuseppi Bellini, quien era de absoluta confianza de Neruda, y además era la persona estudiosa y difusora de su obra, por eso, en un momento el poeta le solicitó 565,000 liras (290 E), por sus derechos de autor, y eran para Alicia.
Para Inés María Cardone, quien hizo el intento de entrevistar a Alicia sin resultado alguno, expresa que “se conoce que hubo cientos de cartas” y dice sobre su conducta que “esa mujer ha tenido una dignidad grande. Jamás ha querido vender una carta ni decir una palabra”. La última amada de Pablo Neruda le permitió no solo escribir “La Espada Encendida”, sino también lo que todavía se mantiene en secreto total, el libro de 14 poemas titulado el “Album de Isla Negra”, fechado de 1969, y quien da la información de su existencia es la propia Alicia, lo que confirma y legitima su amor con el poeta Pablo Neruda.
El poeta está regido por profundos sentimientos, pero hay que entender que “Quien escribe no es el poeta, es el hombre que ama, el hombre que busca el calor del cuerpo de la mujer, la caricia de sus manos (“suaves como las uvas”), la mirada profunda de sus ojos, la ardiente frescura de su boca.” Si bien es cierto de que para los 67 años que Neruda tiene siendo embajador en París (1971), el poeta anciano cierne sus sentimientos sobre una mujer a la que le lleva más del doble de su edad, y es como dice Gabriele Morelli “El poeta es un hombre sin tiempo y sin edad.” (Cartas de Amor, edición de Gabriele Morelli, Cátedra Letras Hispánicas, 2015, pág.70).
El autor de “Cien Sonetos de Amor” desde su temprana edad, siendo un jovenzuelo, siempre tuvo en el centro de su existencia la presencia de la mujer, las numerosas, clandestinas mujeres y esposas fueron las que conllevaron a que hoy sea calificado como uno de los grandes hombres de la literatura y merecedor del premio Nobel. En una ocasión llegó a decir “Si ustedes me preguntan qué es mi poesía debo decirles: no sé; pero si le preguntan a mi poesía, ella les dirá quién soy yo.” (Pablo Neruda, Obras Completas IV, Nerudiana Dispersa I, 1915-1964, edición de Hernán Loyola, Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores, primera edición, Barcelona, 2001, pág. 9).
Pocos son los que conocen del último amor del anciano poeta, con un corazón de niño y un alma de gigante para amar. Aunque se vive en una “Era Moderna”, los Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada”, así como otros libros de su autoría hacen difícil que Pablo Neruda muera. En el silencio de Alicia y en la tumba “… arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira…” (Del poema Farewell).
Todo lo anterior lo confirma el amigo del Poeta, Jorge Edwards, en su colección “Poemas de Amor”, cuando expresa “Si está comprobado que hubo al final una amada escondida, es difícil pensar que no le haya dedicado poemas. A lo mejor nos quiso dejar este enigma, un secreto literario más que probable, y que ha pasado insólitamente inadvertido.” (1ra. ed. en Seix Barral , presentación, mayo de 2001).











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