¡Se vale inspirarse en alguien! Está bien seguir sus pasos. Alguien a quien puedes considerar tu modelo a seguir y de quien estás dispuesto a aprender.
Esto hasta positivo y aconsejable resulta porque mejor es empezar basado en la experiencia de alguien con probada andanza en las cosas de nuestro interés.
Si te guías de alguien que ya tiene experiencia en el camino que quieres andar, puedes considerar que has dado un paso sin mover tan siquiera un pie.
Cuando un niño se identifica con lo que su padre hace y se le pregunta por lo que quiere ser y hacer cuando esté mayor, probablemente responda –Quiero ser como mi papá–. El infante no solo quiere hacer lo que hace su padre, quiere ser él. Vestir, caminar, hablar y hasta mirar como su padre.
Lo más normal es que suceda lo descrito antes, pero tú ya no eres un niño para pretender convertirte en una segunda versión o una especie de clon.
A un niño le es permitido pensar así, pero a medida que este crece adquiere una identidad interna y única. Empieza a querer ir a lugares de su elección, tiene iniciativas propias, aunque conserve la imagen perfecta de su padre y también sus acciones.
Puede parecer de locos, pero hay hombres y mujeres que ya adultos intentan ser, un clon de sus padres. Hay personas que idolatran tanto a un líder, a un artista o deportista que llegan al extremo de perder su propia identidad, sus gustos, intereses, sus formas y hasta sus palabras.
Como expresé al principio, “Se vale inspirarse en alguien”, lo que no es para nada recomendable es vestirse con la piel del otro. Es insano incluso querer pensar con una mente ajena o hablar con palabras de otra boca.
Ojalá recuerdes lo incómodo que fue para el David, intentar pelear contra Goliat usando la armadura del rey Saúl.
Goliat lanzó un reto. Uno contra uno. El hombre que resultara vencedor tomaría como esclavo al ejército contrario.
Saúl como rey intentó buscar entre sus filas a alguien capaz de pelear, pero nadie estuvo dispuesto por lo intimidante de Goliat. Imagine usted un hombre de 3 metros de altura. (unos 9 pies).
David se propone y como nadie más quiso entonces le fue permitido.
Al ver su valentía, el rey le entregó su propia armadura para brindarle protección. David intentó colocarse aquel traje protector, pero no era de su talla. Quiso andar, pero no podía dar un paso con libertad.
El resto de la historia seguro que ya te volvió a la mente.
Con esta historia quiero invitarte a ser tú mismo, porque no es igual aplicar en ti y tus cosas los principios y enseñanzas de otros, a querer ser la sombra de lo que son aquellos.
Una sombra podrá pisar igual de fuerte que la persona de quien es sombra, pero no dejará jamás una señal de su identidad ni un rastro de su paso.
Oscar Wilde dijo: «Sé tú mismo, los demás puestos están ocupados».
Proponte brillar sin ser el reflejo de otra persona.
Brillar con luz propia puede hacer sentir más orgulloso a tus padres y líderes porque ellos mismos saben que tienen detalles a mejorar y quieren verlos perfeccionados en ti.
Nadie está llamado a ser la segunda versión de otro. -Eres versión única y original-.
¿Conoces la talla de tu armadura?











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