“No tengo tiempo”, “lo siento, pero me queda poco tiempo”, “ya no hay tiempo”, “te quedaste sin tiempo”. Estas son algunas de las tantas expresiones que escuchamos a diario. Al parecer, el tiempo no es suficiente, la gente reclama más tiempo para realizar sus actividades y compromisos. Pero cabe preguntarse, ¿acaso cada día no tiene 24 horas?, ¿hay poco tiempo o es que no sabemos aprovecharlo?, ¿por qué a algunas personas les alcanza para hacer miles de cosas y otros no logran hacer casi nada?, ¿quién nos está robando nuestro tiempo?
Hoy vivimos metidos en todo. Queremos hacer una inmensidad de cosas. Desde que sale el sol hasta su ocaso, miles de tareas y responsabilidades nos salen al frente. Y todo lo tenemos que hacer en el tiempo que se nos ha dado.
A lo mejor, de entrada tenemos que reconocer “que todos tenemos el mismo tiempo, pero no la misma organización y el mismo interés. Cada uno lo aprovecha o lo desperdicia, según su prioridad en la vida. Lo que amamos, lo que significa mucho para nosotros, a eso le invertimos tiempo, porque sabemos que lo necesita. El estudiante, el profesor, la ama de casa, el deportista, el legislador, todos ellos invierten su tiempo en sus deberes.
Si todos contamos con el mismo tiempo cada día, entonces el problema no es de tiempo, es la prioridad, la conciencia; es asunto de estilo de vida y de dedicación. Pues, sabemos que hay gente que lo desaprovecha, y deja que le pase, sin hacer nada. Otros lo gastan tiempo en cosas banales, y por eso descuidan todo lo importante.
El libro del Eclesiastés en el capítulo 3 nos dice lo siguiente: “un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto; un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas…”. En otras palabras, siempre hay tiempo, lo que nos falta es disciplina, voluntad y autocontrol.
Cada ser humano debe aprender a darle valor a su tiempo, a mirarlo como vida, como energía. Reconocer que el tiempo no es para una sola cosa y tampoco para distribuirlo en gustos y placeres, como si tuviéramos una reserva o una tarjera de crédito con la cantidad suficiente para gastarlo sin consecuencia alguna.
Detente y mirar en qué se te va el tiempo, desde cuándo te estás quedando sin él, quienes te lo están robando, a qué cosas le dedicas más y por qué otras las descuidas. Analiza lo que debes hacer para organizar mejor tu tiempo, porque al final de la jornada, si pierdes tiempo, derramas la vida.











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