Cuando un niño nace, generalmente sus primeras palabras son mamá y papá, precisamente porque son las primeras personas que logran ver y tener una conexión permanente con él. Por eso, engendrar y tener la dicha de ser padres, es la misión más grande que le puede conceder Dios al ser humano, ya que, por un lado, tienen la responsabilidad de la conservación de la especie y por el otro, dejar la mejor versión en su prole, mediante la educación y los valores que puedan inculcar en ellos. Pues, jamás hubo mayor premio humano que dar la vida y formar hombres y mujeres valiosos en este mundo.
Ahora bien, si lo dicho anteriormente es el mayor privilegio dado a un ser humano, es justo preguntarse, ¿por qué muchos niños son abandonados?, ¿cuál es la razón “justificada” para que un hombre no sea responsable de sus propios hijos, y tenga la madre que acudir a la justicia?, ¿será que hay hombres que no están preparados para este compromiso?, ¿hay hombre que no tienen la capacidad de asumir el rol de padres?,
Estas preguntas no son para responderlas en voz alta, sino para meditarlas en el corazón, y para que sean analizadas cuando llegue el día de los padres. Así, tendremos la ocasión perfecta para evaluar quién realmente merece el título del papá, cuáles hombres se entregaron en cuerpo y alma por sus hijos, quiénes merecen regalos, por su entrega y dedicación. Y quiénes deben hacer examen de conciencia para pedir perdón por sus irresponsabilidades y descuidos.
Por eso, reconociendo a los padres dignos de este nombre, podemos decir con seguridad y franqueza: felicitamos a los que, que aunque asustados, porque no sabían lo que implicaba ser papá, no tuvieron miedo y asumieron el reto de ser fieles a la crianza de sus hijos. A los que no tiraron la toalla en los momentos de crisis y dolor, en las noches oscuras y en los días grises. Todo el reconocimiento va para cada uno de esos hombres que desafiaron los límites humanos y económicos, y sin tener ninguna experiencia paterna, aprendieron y dieron lo mejor de sí, dando cuenta precisamente, de que lo importante no es saberlo todo, sino estar dispuesto ayudar y dejarse iluminar por la misma realidad de la vida.
En concreto, sabemos que hay padres irresponsables, descuidados y sin conciencia, a los que se les olvidó la tarea que Dios depositó en sus manos, el magnífico don de la paternidad responsable. Pero hay que reconocer y promover a los hombres con principios humanos y divinos, que contra viento y marea, aún sin estar claros o seguros de su rol, dieron el todo por el todo en este mundo, para formar hombres y mujeres honrados y valiosos para la sociedad. Es preferible tener padres asustados que cumplen con sus responsabilidades, puesto que, quienes escriben la historia en el corazón de los hijos son los que optan por morir y por dar vida a los que comenzaron a transitar por este mundo; en cambio, a los despistados, aquellos que prefirieron darse vida, pese a que sus hijos mendigaban cariño y amor que se le debió ofrecer, algún día su propia conciencia le echará en cara su falta.











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