En países hiper productivos como el nuestro nos educan para hacer mucho y validarnos por lo que hacemos. Y por eso confundimos el hecho de pedir ayuda con debilidad, porque en algún momento lo aprendimos de generación en generación.
Además, nos educan para que seamos las cuidadoras y que nos sacrifiquemos por los demás, lo que nos desconecta de nuestras propias necesidades. Cuando las mujeres aprenden a pedir ayuda, están rompiendo un patrón de sacrificio que desgasta y deshumaniza. Cuando pedimos ayuda mostramos que somos humanas y que no es cierto que podemos con todo. Y creamos un precedente para que se rescate el valor de la vulnerabilidad y la necesidad de apoyo, que tanto necesitamos.
A diario vemos en consultas madres desgastadas, violentas, irritables, estresadas, ansiosas, porque solo están enfocadas en resolver las actividades del hogar, el cuidado de los hijos, y han descuidado lo más importante su bienestar emocional, incluso ni recuerdan la última vez que dedicaron tiempo en actividades placenteras disfrutando de su compañía.
La matrescencia implica una reorganización de la identidad, las prioridades y las relaciones de una mujer al asumir el rol de madre. Es un proceso individual y único, caracterizado por una amplia gama de emociones que van desde la felicidad y el amor profundo hasta el estrés, la ansiedad y la tristeza. Es importante reconocer que no todas las mujeres experimentan la matrescencia de la misma manera, pero es una etapa común en el viaje de la maternidad.
La matrescencia puede tener un impacto significativo en diferentes aspectos de la vida de las madres. A nivel emocional, puede desencadenar cambios en la autoestima, la confianza y el estado de ánimo. A nivel relacional, puede afectar las dinámicas familiares, las amistades y la relación de pareja. Además, la matrescencia puede influir en la carrera profesional y en la toma de decisiones relacionadas con el cuidado de los hijos. Es esencial comprender y abordar estos impactos para poder cuidar de ti misma como madre.
La importancia del autocuidado durante la matrescencia. El autocuidado es fundamental para todas las madres, ya que les permite recargar energías, mantener un equilibrio emocional y satisfacer sus propias necesidades. Durante la matrescencia, el autocuidado cobra aún más relevancia, ya que enfrentas múltiples demandas y cambios en tu vida cotidiana. Cuidar de ti misma no solo te beneficiará a ti, sino que también te permitirá ser una madre más presente, equilibrada y feliz para tus hijos.
Por qué cuidar de ti misma es fundamental para ser una madre equilibrada. Cuando te cuidas a ti misma, estás en mejores condiciones para cuidar de los demás. El equilibrio entre tus propias necesidades y las necesidades de tus hijos es esencial para crear un entorno familiar saludable. El autocuidado te ayuda a mantener una buena salud física y emocional, reducir el estrés, aumentar tu autoestima y fortalecer tus habilidades para manejar los desafíos diarios de la maternidad.
El autocuidado abarca una amplia gama de actividades que promueven tu bienestar físico y emocional. Estas actividades pueden incluir desde descansar adecuadamente, alimentarte de manera saludable y hacer ejercicio regularmente, hasta dedicar tiempo a tus hobbies, practicar técnicas de relajación y conectarte con tus emociones. Al priorizar tu autocuidado, estás invirtiendo en tu propia salud y felicidad, lo cual impactará positivamente en tu papel como madre.

Por Licda/M.A. Dennisa L. Reyes Moris, Psicóloga/Abogada/Terapeuta Familiar/Maestrante Psicología Clínica.
Vocal de Organización Directiva CODOPSI Regional Nordeste, Gestión 2024-2025.











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