Al inicio del año escolar, el actual Ministerio de Educación de la República Dominicana, se dirigió al profesorado del nivel secundario, mediante una misiva en la que expresaba su interés por “fortalecer la labor docente”. Una intención que, sin duda, resulta loable. Sin embargo, la propuesta presentada, lejos de aportar al objetivo anunciado, se ha convertido en un nuevo generador de estrés para algunos educadores: las secuencias didácticas.
El problema no radica en la existencia de dichas secuencias, sino en la manera en que se han diseñado y propuesto. Imponer contenidos y estrategias cual camisa de fuerza, contradice una de las características esenciales de toda planificación: su flexibilidad. Este principio parece haber sido pasado por alto por quienes asesoran al señor ministro.
Además, la entrega fragmentada de las secuencias, carentes de un fundamento teórico sólido y sin referencias bibliográficas, debilita su credibilidad y limita su aplicabilidad. Esta situación conduce inevitablemente a la frustración docente. A ello se suma que algunos de los textos propuestos, en el caso del área de lengua española específicamente, no parecen haber sido concebidos para el contexto dominicano, lo cual evidencia otra incoherencia con los principios básicos de la planificación: considerar los intereses, la realidad y el entorno del estudiantado.
De igual modo, resulta preocupante que no se tome en cuenta la diversidad existente en las aulas ni las particularidades de los estudiantes con necesidades específicas de apoyo educativo. Las secuencias presentan un enfoque homogéneo que ignora las diferencias individuales, los ritmos de aprendizaje y las condiciones socioculturales de los alumnos, lo que atenta contra el principio de inclusión que debería regir todo proceso educativo.
Al analizar con detenimiento el material entregado, se evidencian discordancias tanto de forma como de fondo, como si no hubieran pasado por una revisión exhaustiva por parte de especialistas en las distintas áreas del saber.
Lo que para algunos funcionarios puede parecer un aporte y para unos profesores un paliativo, para quienes ejercen la docencia con responsabilidad constituye una limitante e incluso una desvalorización profesional. Se presenta la secuencia didáctica como un apoyo, empero en la práctica solo aumenta la carga laboral, pues, además de aplicarlas, se deben planificar mediadores faltantes, cubrir prerrequisitos y suplir carencias metodológicas.
A esto se suma la falta de recursos básicos para ejecutar las actividades propuestas, situación que afecta directamente la salud mental del docente que pretende ejercer su labor con responsabilidad.
Seguir inventando en el sistema educativo preuniversitario, sin una verdadera planificación estratégica y sin escuchar las voces de quienes están en las aulas, solo alejará a la República Dominicana de la calidad educativa que, en teoría, tanto se proclama.
La autora es Licenciada en Educación Mención Filosofía y Letras y Licenciada en Psicología Escolar. Se desempeña como docente de secundaria del Ministerio de Educación de la República Dominicana en el área de Lengua Española. Correo: andycastillo0225@gmail.com











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