
La Gran Arena del Cibao vibró la noche del sábado 15 de noviembre. Con luces danzantes y llamaradas que elevaron la euforia al ritmo de “¡Fuego, fuego… fuego, fuego!”, el público multigeneracional llenó cada rincón del emblemático espacio. El esperado concierto del Reencuentro de Las Chicas del Can se convirtió en una celebración del merengue, la nostalgia y la sororidad.
Las Chicas del Can, agrupación pionera del merengue integrada exclusivamente por mujeres, volvieron a subir al escenario para recordar por qué marcaron un antes y un después en la música dominicana. Lo hicieron acompañadas de tres generaciones musicales, reunidas en una misma noche para honrar un legado que sigue vivo.
El espectáculo arrancó con la energía de DJ Mariposa, que con sus alas y audífonos elevó el ánimo del público desde su mesa de mezcla. Su set fusionó ritmos clásicos y modernos, acompañado de gritos sonoros que rendían homenaje a la alegría característica de Las Chicas del Can. Las bailarinas, con movimientos vibrantes, pusieron a todos a bailar y dieron inicio a una velada donde estética, brillo, música, feminidad y emoción se entrelazaron.
Cuando las Chicas del Can hicieron su entrada, la arena estalló en aplausos. Cada éxito era recibido con gritos, palmas y cuerpos que se movían al compás, en solitario o en pareja. Abuelos, madres, hijos y nietos cantaban a coro, demostrando que esas canciones no pertenecen solo a una época, sino a varias generaciones de dominicanos.
Las Espectaculares Chicas del Can, lideradas por Tueska, ideóloga del Reencuentro, abrieron el show que ganó el Soberano como Espectáculo del Año 2025. Con la gracia y talento de Jameli Martínez, Mabel Peguero y Luisanna Grullón, conquistaron al público y dejaron el escenario encendido para las Monumentales Chicas del Can, integradas por Florangel Espinal, Michelle Flores y Grissel Báez.
La noche tuvo un brillo especial con la voz poderosa de Jamelis Martínez, orgullo francomacorisano. Su interpretación, llena de fuerza y sentimiento, desató la emoción de su ciudad natal, que vibra cada vez que la escucha gritar su ya emblemático: “¡Gózalo, San Francisco!”. Su presencia llenó la arena de energía contagiosa, mostrando a una artista auténtica, intensa y dueña de una voz que estremece.
Con la canción “Sin él”, Tueska, Adalgisa Pantaleón y Didi Hernández rindieron homenaje a las integrantes que ya no están, evocando recuerdos y emociones. La intérprete venezolana Liz también se unió al espectáculo para cantar junto a Tueska.
Un momento emotivo llegó con la presentación de Las Niñas Divinas, tres hermanas de 16, 15 y 13 años que interpretaron música típica acompañadas de acordeón, tambora y güira, celebrando la dominicanidad y las raíces del Cibao.
Al presentarse las Pioneras Chicas del Can, Belkys Concepción y Teresa Domínguez (Juana La Cubana), una escena captó la atención: una fanática levantaba orgullosamente dos carátulas de vinilos de los años dorados de la agrupación. Con rapidez, se abrió paso entre el público para acercar su colección musical a Belkys Concepción.
Uno de los momentos más electrizantes de la noche llegó con la aparición de Juana La Cubana, la mítica guirera cuya energía ha trascendido generaciones. Con su inseparable güira en mano, inició un juego rítmico que hizo vibrar la tarima y contagió a todos con sus movimientos cadenciosos y llenos de carácter. Mientras sonaban los acordes de la canción dedicada a ella, convertida en un éxito que marcó una era, Juana avanzó al frente del escenario entre ovaciones. La audiencia se puso de pie de inmediato, coreando cada estrofa y celebrando a la mujer que, con su estilo único y presencia magnética, se convirtió en símbolo indiscutible del merengue femenino.
Con el público de pies, las luces encendidas y las últimas llamaradas elevándose desde los extremos del escenario, la agrupación se preparó, para cerrar el despliegue de sus grandes éxitos. En un gesto cargado de emoción, las diferentes generaciones participantes subieron juntas a la tarima y cantaron en un ambiente de complicidad, respeto mutuo y celebración femenina un popurrí navideño, entre confetti de colores y la algarabia del público.











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