Con el inicio de la quinta etapa de la Evaluación de Desempeño Docente (EDD) 2025-2026, la expectación de los docentes dominicanos se acrecienta. La recepción de los correos electrónicos con los detalles de la convocatoria oficial —fecha, hora y centro sede— traslada el proceso del plano administrativo a la acción pedagógica inmediata. Sin embargo, más allá de la logística, el verdadero reto reside en la interpretación del instrumento de evaluación.
El presente texto nace de la revisión de algunos de los ítems de los diversos bancos de preguntas tipo «estudio de casos», que han circulado recientemente, específicamente aquellos presentados por representantes de las distintas corrientes magisteriales. Una mirada desde el análisis del discurso para dotar a los docentes de algunas claves interpretativas para resolver con éxito el Ejercicio de Rendimiento Profesional (ERP).
Desde el análisis del discurso, estas evaluaciones no son neutrales. Funcionan como un dispositivo que busca identificar si el docente ha interiorizado el perfil que el MINERD exige. Al examinar los ítems basados en casos, se observa una dicotomía semántica clara: el examen construye un docente ideal a través del lenguaje.
Para aprobar, el docente debe ser capaz de identificar y rechazar el discurso punitivo (el modelo tradicional) y abrazar el discurso validado (el enfoque por competencias). En este sentido, el discurso incorrecto: se reconoce por marcas léxicas que denotan pasividad o autoritarismo. En este el docente es un mero transmisor de información. Mientras que, el discurso correcto, implica un lenguaje de acción reflexiva y procesual. Aquí, el docente es un gestor de ambientes de aprendizajes que asume la responsabilidad de ajustar su enseñanza para garantizar la inclusión.
A partir del análisis de los casos propuestos por los colegas, se identifican cuatro pilares que orientan la selección de la respuesta correcta o más cercana a los que propone un currículo por competencias:
Mediación pedagógica: Ante cualquier conflicto o dificultad de aprendizaje, la respuesta correcta siempre será aquella donde el docente actúa como guía, orientador o acompañante. Se descarta la imposición y se prioriza el diálogo.
Atención a la diversidad: una opción que sugiera tratar a todos por igual, frente a una necesidad especial es errónea. La respuesta válida siempre implica enseñanza diferenciada y ajustes curriculares.
Evaluación formativa: En los casos de bajo rendimiento, el discurso validado es aquel que propone una retroalimentación clara y una revisión de la propia práctica docente: ¿qué debo cambiar yo para que ellos aprendan?
Gestión positiva y clima de aula: Las respuestas correctas validan la inteligencia emocional. Se prioriza el establecimiento de normas claras, la resolución pacífica de conflictos y el refuerzo de conductas positivas por encima de la expulsión del aula o el castigo físico/psicológico.
En conclusión, la Evaluación de Rendimiento Profesional no busca hostigar al maestro, sino verificar su alineación con una educación inclusiva, reflexiva y estratégica. El dominio de estos términos y del discurso pedagógico contemporáneo es determinante. Más que un conjunto de técnicas para superar la prueba, estos patrones nos invitan a una transformación de nuestra identidad profesional. El docente que a partir del lunes 20 de abril marcará la respuesta con mayor puntaje es aquel que ha comprendido que su rol es el de un agente de transformación social.
Invitamos a los colegas a ver este proceso no como una amenaza, sino como una oportunidad para reafirmar nuestro compromiso con una pedagogía que no ignora, no excluye y no castiga, sino que acompaña, adapta y motiva. ¡Mucho éxito en esta y la posterior etapa!











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