Hoy levanto mi voz, no solo como entrevistadora forense, sino como parte de un sistema que tiene la responsabilidad de proteger a nuestros niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia.
Quienes trabajamos en entrevistas forenses somos muchas veces la primera puerta segura para una víctima. Somos quienes escuchamos el dolor sin revictimizar, quienes recogemos testimonios delicados con rigor técnico y sensibilidad humana, y quienes aportamos elementos fundamentales para que el sistema judicial pueda tomar decisiones responsables, especialmente en los procesos de medidas de coerción.
Sin embargo, nuestra labor continúa siendo invisibilizada.
También resulta importante señalar que la jornada de protesta convocada por los jueces , busca reivindicaciones y mejores condiciones para un sector del sistema judicial, lo cual es legítimo y necesario. Sin embargo, preocupa profundamente que dentro de esas exigencias nuevamente no se contemple a las entrevistadoras forenses, aun siendo parte esencial en los procesos vinculados a la protección de niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia. Una vez más quedamos fuera de las discusiones, fuera de los beneficios y fuera del reconocimiento institucional, como si nuestra labor no tuviera impacto directo en la búsqueda de justicia. No puede hablarse de un sistema verdaderamente humano y garantista mientras quienes sostenemos una parte tan delicada del proceso seguimos siendo ignoradas y desprotegidas.
Resulta preocupante que, a pesar de la importancia de nuestro rol dentro del proceso judicial, muchas veces no somos tomados en cuenta institucionalmente. Trabajamos bajo presión emocional constante, enfrentando historias profundamente traumáticas, pero aun así seguimos siendo relegados, mal remunerados porque 990 pesos por una entrevista es una limosna y sin las mínimas condiciones de reconocimiento y dignidad laboral.
No contamos siquiera con un gafete que nos identifique formalmente dentro del sistema. Y aunque para algunos eso parezca un detalle pequeño, representa mucho más: representa ausencia de reconocimiento, falta de pertenencia institucional y una invisibilización que se ha normalizado.
No pedimos privilegios. Pedimos respeto. Pedimos condiciones dignas. Pedimos ser reconocidos como profesionales esenciales dentro del engranaje judicial que busca proteger la niñez y garantizar justicia.
Porque detrás de cada entrevista forense hay una carga emocional, ética y profesional enorme. Y detrás de cada niño o niña escuchado con respeto, hay un profesional haciendo todo lo posible para que su voz tenga valor ante la justicia.
Hoy hago un llamado a que el Poder Judicial mire hacia esta área con mayor sensibilidad y compromiso. Invisibilizar a quienes trabajan en la protección de la niñez también debilita el sistema de justicia.
Reconocer nuestra labor no es un favor. Es una necesidad institucional y humana.
Att: Las Entrevistadoras Forenses de SFM
Carmen Guillermina De Jesús Bruno
Naomi Rivera
Dinardy Aybar
Esmirna Diaz
Mildaliza Hernández











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