Ninguna frase es muda. Ninguna frase nace de la nada, del vacío, surge en un contexto socioeconómico, político y cultural concreto, así como en una época histórica determinada. De ahí que, las frases que logran colocarse en el imaginario colectivo de los pueblos, adquiriendo ribete de popularidad, son las que, con frecuencia, ocultan más que lo que abiertamente expresan.
Empecemos por: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Esta categórica afirmación no responde a una total verdad, es relativa. Pero, regularmente se emplea para establecer y justificar unas determinadas relaciones gobernantes-gobernados donde está por medio una dictadura o un gobierno opresor y antinacional, como la mayoría que históricamente ha tenido América Latina.
Si los mandatarios ejercen sus responsabilidades colocando en el corazón y la mente a su pueblo y desarrollan acciones con el claro propósito de satisfacer las necesidades económicas, sociales y culturales de éste, entonces sí se los merecen.
Sin embargo, no es cierto que un pueblo se merezca una dictadura o un gobierno que solo responde a los intereses de una minoría de grandes ricos y privilegiados y entrega vergonzosamente las riquezas y la soberanía a un imperio, mientras prefiere darle la espalda a las necesidades esenciales y perentorias de las grandes mayorías.
Por consiguiente, la frase “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen” en su segundo enfoque, como muchas otras bien conocidas, lleva en su conducto un metamensaje o mensaje implícito: maliciosamente se intenta culpabilizar al pueblo de su propia desgracia y liberar de responsabilidad a los verdaderos causantes de ella.
Fue exactamente lo que hizo el entonces presidente de Costa Rica, Oscar Arias, al pronunciar su discurso ante la “V Cumbre de las Américas”, efectuada en el año 2009 en Trinidad y Tobago, cuando categóricamente señaló que la pobreza y el desarrollo tardío que padecen los países latinoamericanos, no es responsabilidad de las potencias colonizadoras.
Así pues, para el pelele Oscar Arias, el estado de dominio, opresión, explotación y el saqueo de enorme cantidad de riquezas minerales, forestales, hidrobiológicos, capital humano y plusvalía que en diferentes periodos históricos han llevado a cabo España, Portugal, Francia, Inglaterra y la recolonizadora Estados Unidos de Norteamérica contra los pueblos latinoamericanos, desde la llegada de Cristóbal Colón en 1492 hasta nuestros días, no han tenido ningún efecto negativo en el desarrollo de éstos.
A ello hay que agregar que estas depredadoras potencias siempre han contado con la benevolencia de una claque social miserable, cobarde y traidora a su respectiva patria, como muy bien la definiera el patricio Juan Pablo Duarte.
De modo que, antes de digerir una frase, lo recomendable es someterla a estudio y reflexión para exprimir el jugo (verdadero contenido) que ella contiene, ya que muchas de estas forman parte de los diversos mecanismos de engaño y manipulación utilizados por los tradicionales sectores de poderes fácticos.
Consecuencia: en las circunstancias históricas predominantes en la vida latinoamericana desde que iniciaron los procesos independentistas, la frase “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, ha desempeñado un encantador papel político e ideológico a favor del statu quo que aun moldea y le imprime su sello elitista a la sociedad global.










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