La Estrategia Nacional de Desarrollo (END) debe marchar de la mano con la paz, la tranquilidad y la convivencia nacional. No puede concebirse un desarrollo auténtico y sostenible sin la participación integrada de todos los sectores de la comunidad nacional.
El desarrollo de una nación no se mide exclusivamente por el crecimiento de su economía, la construcción de obras materiales o el avance de sus instituciones. También debe medirse por la calidad de vida de sus habitantes, la seguridad de sus familias, la justicia social, el respeto a los derechos humanos y la tranquilidad con que cada ciudadano pueda realizar sus actividades y proyectar su futuro.
Debemos comprender, además, que la paz no es solamente la ausencia de guerras o enfrentamientos. La paz también significa vivir sin temor, disfrutar de oportunidades, recibir un trato digno, confiar en la justicia y encontrar vías de entendimiento para resolver nuestras diferencias. Es una condición indispensable para que las familias, las empresas, las escuelas y las comunidades puedan desenvolverse con normalidad y esperanza.
En consecuencia, la Estrategia Nacional de Desarrollo y la paz y tranquilidad nacional deben caminar juntas. No puede haber desarrollo plenamente humano donde imperen el miedo, la intolerancia, la injusticia o la exclusión; de igual manera, la paz duradera encuentra una base más firme cuando existen oportunidades, equidad, participación y bienestar colectivo.
Participación nacional y compromiso compartido
Por ello, el Estado, los partidos políticos, los empresarios, los trabajadores, las iglesias, las universidades, las instituciones educativas y las organizaciones comunitarias están llamados a integrarse en torno a objetivos comunes, mediante el diálogo, la concertación, la solidaridad y el respeto a las diferencias.
Esta integración no significa que todos debamos pensar de la misma manera, sino que, desde nuestras distintas posiciones e intereses legítimos, seamos capaces de contribuir a la construcción de una República Dominicana más justa, segura, próspera y solidaria.
Cuando los diferentes sectores de la sociedad se sienten escuchados, representados y tomados en cuenta, se fortalecen la confianza en las instituciones, la convivencia ciudadana y la disposición a resolver pacíficamente los conflictos. Por el contrario, la exclusión, la desigualdad y la falta de oportunidades pueden generar tensiones que dificultan el desarrollo y amenazan la tranquilidad colectiva.
La Estrategia Nacional de Desarrollo, establecida mediante la Ley núm. 1-12, constituye un instrumento fundamental para orientar el futuro dominicano. Sin embargo, sus objetivos requieren el compromiso permanente de las instituciones públicas y privadas, así como la participación consciente de la ciudadanía. El desarrollo nacional no puede ser responsabilidad exclusiva del Gobierno de turno; debe convertirse en una tarea compartida, sostenida en el tiempo y orientada al bienestar de las presentes y futuras generaciones.
La integración de todos los sectores de la comunidad nacional debe ser, por tanto, tanto un medio para alcanzar el desarrollo como uno de sus principales resultados.
Prioridades de la región Nordeste
Desde esta perspectiva, dedicamos estas reflexiones a nuestra querida región Nordeste, cuyos municipios y comunidades representan una parte importante de la riqueza humana, productiva, cultural y social de la República Dominicana. San Francisco de Macorís, Nagua, Samaná, Sánchez, Las Terrenas, Salcedo, Tenares, Villa Tapia, Cotuí, Pimentel, Castillo, Villa Riva y las demás comunidades de esta región tienen motivos suficientes para fortalecer sus vínculos, coordinar esfuerzos y participar activamente en la construcción de un futuro compartido.
El Nordeste necesita continuar desarrollando sus capacidades agrícolas, comerciales, turísticas, educativas y culturales, al tiempo que promueve.











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