SIETE PASOS EN LA ORACION:
1ro. Confesión: Reconocer quien es Dios, Abraham lo llamó: “Jehová Dios altísimo, creador de los cielos y de la tierra” (Génesis 14-22).
Declarar el poder del Todopoderoso. Elías comenzó su oración en el Monte Carmelo “Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel (1 Reyes 18:36),
Si deseas que el fuego caiga comienza confesando quien es Dios.
2do. Súplica: “Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”. Desafortunadamente en este paso pasan demasiado tiempo haciendo peticiones.
3ro. Adoración: Tiempo de belleza, adoración, amándolo, adorándolo, comenzar con las palabras: “Jesús, yo te amo”. De repente sientes la presencia del Espíritu Santo…el tiempo se va rápido, es tan real, tan vivo.
4to. Tiempo: Intimidad. Es demasiado amado, sagrado y demasiado hermoso para poder describirlo, cuando profundizas en la oración se siente su presencia y su mano por la frente. Era como si el Señor estuviera diciendo: “Gracias estoy tan contento de estar contigo”. Recuerda el espíritu Santo nunca te presionará. No pone demandas ni estipulaciones en tu vida de oración; pero si tú dices: “Ayúdame a orar”, El está listo para responder.
5to. Intercesión: Jesús nos dijo que el Espíritu nos rebelaría las cosas. Cuando invitas al Espíritu a que te ayude a orar, El no se concentra en tus deseos y necesidades egoístas, no! El enfoque es hacia afuera, pone nombres y rostros de individuos par que intercedas en oración por ellos.
Te advierto: Es imposible ponerse a interceder de momento. No es al instante, porque es una asociación con Dios que requiere una relación profunda e inmensamente personal. Se pasa un buen tiempo para profundizar en la oración. La Escritura nos enseña que si somos fieles en las cosas pequeña, Dios nos dará más!
6to. Acción de gracias, como escribió Pablo (1 Corintios 15:17). “Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Dar gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
7mo. Alabanza: A veces se canta, se habla en lenguaje espiritual. Pero de lo profundo de nuestro ser debe brotar una alabanza total. Es la forma más pura de orar.











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