El octagenario líder reformista había esperado pacientemente como era su costumbre, el descalabro y la falta de olfato político de los dirigentes del PRD, quienes por dos periodos consecutivos habían conducido los destinos de la nación. Después de transcurrido ese tiempo fuera del poder, Balaguer vuelve a la presidencia de la república. Esta vez con un esquema distinto a los llamados 12 años, fruto de la lucha y conquista del aguerrido pueblo dominicano. Ahora los crímenes y los asesinatos se ejecutarían de manera más selectivas y sutiles. Narciso González, secuestrado y luego desaparecido, ha sido el de mayor resonancia de los llamados 10 años de la nueva tiranía de Balaguer.
El despliegue propagandístico vendiendo la imagen y las bondades del viejo zorro reformista, era inmenso; se acercaban las elecciones de 1990, y yo me haría viejo en mi oficio de contribuir en destruirle una que otra propaganda cuantas veces tuviera la oportunidad de hacerlo, pues no tenía otro mecanismo a mi alcance para combatir su depotismo.
De nuevo fui sorprendido en esa tarea, esta vez me salvaría por intermediación de un dirigente del PQD, amigo de mi padre, el cual me aconsejó que no volviera hacerlo.
Balaguer se reelige por medio de un fraude como era ya su costumbre, lo que aumentaba mucho más mi convicción de que no podíamos seguir conviviendo juntos en la misma patria. Es cuando decido aventurarme en una travesía en yola hacia Puerto Rico en vez de vivir humillado por ese grupo de bandidos apoyados por personeros de la iglesia católica y de algunos grupos empresariales.
En 1994 se repite la historia, esta vez le tocaría al PRD y su líder José Francisco Peña Gómez. Mi obsesión por ver fuera del poder a Balaguer iba en aumento, al extremo de aceptar complacido que éste último le levantara los brazos al profesor Juan Bosch y al candidato del PLD, Dr. Leonel Fernández, quien más tarde resultaría el vencedor en las elecciones del año 1996.
En el periodo 2000-2004, un Balaguer decrépito y moribundo, es declarado “padre de la democracia nueva”, y más tarde, posterior a su muerte, le lloverían las condecoraciones y los reconocimientos en honor a tanta sangre derramada.
Nuestro objetivo es tratar de que no se pierda la memoria histórica, que se conozca al verdadero Balaguer; no al que se exhibe en una de las paradas del Metro de Santo Domingo, que indignamente lleva su nombre, o la carretera Santiago-Navarrete. Y es que nada puede ser más negativo y perverso que todo lo que pudo haber hecho durante su accionar político el pequeño déspota ilustrado de Navarrete.










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