La literatura griega y latina, las grandes religiones y los grandes autores de todos los tiempos han narrado episodios, sin importar el género de sus escritos, relacionados con la existencia de ángeles, buenos o malos. El Judaísmo proclama su existencia: Mal’ak en griego o angelus en latín es el “mensajero (de Dios)”.
Encontramos innumerables referencias a los ángeles, arcángeles, querubines y serafines en los libros del Antiguo Testamento: Dios los puso como centinelas en el paraíso después del pecado de Adán (Gén 3,24); un ángel intervino para salvar a Isaac del sacrificio de Abrahán (Gén 22,11); comunican visiones o sueños (Dn 7,16; 8,15); siete son los ángeles que están en la presencia de Dios (Tb 12,15), mientras que Rafael, Miguel y Gabriel son los principales (Dn 8,16; 9,21). En muchos otros textos encontraríamos más funciones y misiones encomendadas por Dios a sus ángeles.
El cristianismo asume todo el contenido de la Angeología judía y la profundiza. En la narración de los Evangelios los ángeles tienen un rol protagónico sin precedentes: en el Anuncio de la Encarnación del Hijo de Dios (Lc 1,11.26); Jesús durante su misión habla de ellos: cada persona tiene un ángel de la Guarda en el cielo (Mt 18,10); los muertos son como ángeles (Mt 22,30); ellos acompañarán al Hijo del Hombre en su Segunda Venida (Mt 25,31); en el cielo hay legiones de ángeles (Mt 26,53); son testigos de Jesús (Lc 12,8); hacen fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente (Lc 15,10); y son protagonistas en los relatos de la resurrección del Señor (Lc 24,4; Mt 28,2; Jn 20,12). Para san Pablo es un ángel quien dará la señal del Juicio Final (1Tes 4,16); un ángel libera a Pedro preso (Hech 5,18) y un ángel habla a Felipe (Hech 8,26).
La teología cristiana dará la misma preponderancia a los ángeles. En la Liturgia cristiana, como una herencia de los Padres griegos y latinos, los ángeles son comprendidos como siervos de Dios y amigos de los hombres. Esta misma comprensión la conserva la Reforma Luterana que, con ligeros matices, concuerda con la Teología Católica.
El Catecismo de la Iglesia Católica declara como una verdad de fe “la existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles…” (328); sigue diciendo que “Cristo es el centro del mundo de los ángeles” (331) y de las personas; por eso, incluso en el momento de la despedida final de los difuntos, los ángeles vienen invocados: “Al paraíso te lleven los ángeles…” y también, “El coro de los ángeles te reciba…” Como “criaturas puramente espirituales” (330), los ángeles nos ofrecen su ayuda y se convierten en santuario y mensajeros de salvación para todos.











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