La producción escrita es una de las cuatro competencias específicas que se propone desarrollar en la clase de lengua española. Lograr esta tarea, a veces, resulta difícil, pues, los estudiantes se resisten a transitar por cada una de las etapas que conlleva el proceso de redacción. Sin embargo, no solo los estudiantes muestran aversión por la escritura. También algunos docentes presentan conductas similares, al momento de producir, lo cual puede incrementar la apatía del estudiantado.
El docente de lengua española, debe ser el principal referente de escritura que tengan los estudiantes al momento de producir un texto. Este no solo ha de conocer cada tipología y cómo se estructura, sino, demostrar en la práctica áulica cómo se concibe cada texto. Es por ello que, Graves (2002), en su texto Didáctica de la Escritura, propone el modelado para motivar la producción escrita en los estudiantes.
El modelado es una técnica de aprendizaje basada en la imitación, ya sea, de una conducta o acción por parte del aprendiz. Es utilizado en el nivel inicial para el desarrollo de la grafomotricidad, una de las principales etapas en los aprestos para la escritura, por tanto, puede ser empleada en la clase de lengua para fomentar la producción escrita.
De acuerdo con lo planteado por Graves (2002) implementar el modelado en clase de lengua puede contribuir a motivar la producción escrita y a mejorar el ambiente aúlico, puesto que, el docente como modelo establece las pautas a seguir y produce junto al grupo. De igual forma, está pendiente de las dificultades y avances de cada estudiante. Recomienda, además, que esta técnica sea empleada desde la selección del tema hasta la publicación del texto, haciendo énfasis en cada una de las etapas de producción escrita.
En tal sentido, Muñoz (2016), en su libro La Lengua en Movimiento, sugiere que en el proceso de redacción los noveles escritores cuenten con las instrucciones de escritores experimentados. Para esto, los profesores deben ser los primeros en producir cada texto asignado, si quieren lograr desarrollar la competencia escritural en sus discípulos. No es lo mismo indicar cómo redactar un texto sustentando la explicación en aspectos teóricos, a demostrar con ejemplos cómo se redacta cada tipo de texto.
Con el modelado en la clase de lengua se pueden lograr más y mejores producciones, valoración de las ideas propias, reconocimiento de las ideas de los demás, mayor atención, seguridad en el discurso, dinamización en el desarrollo de cada una de las etapas de redacción. De igual forma, se fomenta el análisis y el trabajo colaborativo. Además, se puede eficientizar el proceso de evaluación del texto, puesto que, se maneja cada uno de los aspectos contentivos y, sobre todo, se pueden priorizar los intereses y competencias de cada estudiante, como elemento motivador.
En resumen, el docente que quiere que sus estudiantes produzcan, necesariamente, debe empezar poniendo el ejemplo. En lugar de mostrar un texto ya elaborado, y, tal vez de poco interés para los estudiantes o centrarse en aspectos conceptuales y normativos, debe dedicar un tiempo de su jornada a modelar cada tipo de texto que asigna a los estudiantes. Cuando el profesor cumple con esta encomienda, el estudiante verá que este proceso no es tan laberíntico. Además, comprenderá mejor la función de cada etapa por la que debe pasar el texto, lo cual será la base para futuras producciones.











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