Siempre que vamos a nuestras playas populares, nos deleitamos comiendo ese delicioso manjar autóctono que es el pescado frito con tostones. La frescura de nuestro pescado playero y la esencia de ese adobo criollo, le da una caraterística de sabor especial.
Nuestro pescado playero es bueno pero no deja de tener también mucho peligro al comerlo.La enorme cantidad de espinas finas y entrelazadas que tiene, significa un alto riesgo para una buena deglución. Además, muchas veces, su manipulación en cocinas inapropiadas y con higiene dudosa, hace bajar su nivel como para considerarla una comida de buena calidad.
En la pasada Semana Santa, comerse un pescado frito con tostones en La Poza de Bojolo, resultaba muy caro para muchos dominicanos. El servicio costaba 800 pesos.
Solo por poner un ejemplo. Un peón de albañil en la provincia Duarte, gana justo 800 pesos al día.
Un peón de albañil es aquel obrero de la construcción que mezcla arena y cemento y carga blocks entre otras cosas y casi siempre lo hace bajo el “TETERO” del sol.
Es muy preocupante que un peón de albañil con una familia de dos hijos y su mujer para comerse un pescado frito en la poza de Bojolo, le signifique cuatro días de trabajo.
En el centro de Madrid, la capital de España, comer en un bar restaurante un menú diario con postre y vino incluido tiene un precio, entre nueve, diez, once y doce euros. Equivalente a menos de 800 pesos dominicanos.
No me canso de pensar y preguntarme lo siguiente: ¿Como es posible que comer en el centro de Madrid resulte más barato que COMER PEJE FRITO EN LA POZA DE BOJOLO?











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