Querido Jack, tu mérito nadie podrá quitártelo.
Aunque se haga necesario explicar la diferencia entre un deportista y el maestro del espectáculo. No es lo mismo Félix Sánchez, ganando medallas de oro en las Olimpíadas en Grecia, o un Cy Young de Pedro Martínez, o la estatua de Juan Marichal.
Tú eres algo más que la simple lucha libre, nunca serás un deporte, sino un espectáculo.
Un mago, un mesías, que te anuncias a ti mismo.
Eras el campeón de la bolita del mundo, en el 1993 fuiste el campeón de Europa, aunque ni los franceses, alemanes, ni españoles nunca supieron, pero los dominicanos sí creíamos en ti.
Cuando aplicabas en la lucha la polémica, cuando subías la soga del ring, de tus brazos salían alas, dando patadas voladoras, y los dominicanos, como siempre frente al televisor brincabamos, voceabamos todas las malas palabras de Barrios y al ver sobre tu frente, el chorro de sangre nos recordaba la sangre de Cristo, cuando caminaba inciso para ser crucificado en la Cruz junto a Tatica su madre y su hijo Rafy Sánchez, por suerte al final tú no morías como Cristo.
Como murió pendejamente Manolo Tavárez o Camaño que apenas tenía 40 años, Los Palmeros del 12 de enero, o Maximiliano Gómez en Bruselas, junto a la esposa de Otto Morales, Miriam Pineda, todos murieron sin llegar a ser el campeón mundial de la bolita del mundo.
Tú sí, Jack Veneno, fuiste el Chapulín Colorado de los dominicanos, el Superman americano, el charro de la selva de Brasil, el Tarzán de los monos.
En un momento dado fuiste la esperanza de los dominicanos para que mataras a los corruptos de siempre, porque la izquierda no hizo nada.
Para muchos fuiste el Moisés de la Biblia, dirigiendo un pueblo sin sitio, como Israel, que todavía no tiene un lugar propio como Palestina.
Querido Jack Veneno, siempre serás el campeón del espectáculo, fuiste el pueblo dominicano por la presencia del líder que no muriera, por el deseo de un líder que siempre ganara.
Aún lleno de sangre, llenaste el vacío de un pueblo donde sus mejores hombres murieron en el ring en la ruina desde el 27 de febrero de 1844, hasta ahora 2021.
Querido Jack Veneno, campeón del espectáculo, si en el cielo te encuentras con Rafael Corporán De Los Santos, manda una señal a los incultos legisladores que quieren cambiar el nombre de hombres buenos como ustedes, que sin espectáculo, sin magia, sin público, aportaron realidades históricas que serán para siempre.
Decir Eugenio María De Hostos, es hablar de Salomé Ureña de Henríquez o Ercila Pepin y otros tantos, que recibieron su educación sin religión, sólo con la ciencia, sin que ésta fuera una idea atea.
Del senador americano Charles Sumner, el mismo educador Hostos, dijo de él, que con dos discursos en el Congreso norteamericano, salvo que Samaná se le vendiera a los Estados Unidos y fuera el estado cincuenta y tres de los americanos.
No cambien los nombres de Hostos por Jack Veneno, ni de Charles Sumner por Raphael Corporal de los Santos.
Atentamente
Manolo Bonilla.
Un espectáculo.











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