Un señor octogenario con aspecto campesino colisionó su camioneta con el carro nuevo de un chico veinteañero, exclamando: ¡Hijo mío! ¿Es qué me vas a matar porque te choqué tu carro? El chico colérico había bajado de su carro, pistola en mano y con visible intención de matar. El señor apresurado y hábilmente se culpabilizó y se responsabilizó del siniestro…Ese rápido acto, posiblemente, le salvó la vida a ese señor.
El hecho ocurrió hace tres días en San Francisco de Macorís.
La anécdota viene a colación porque hace una semana se cumplieron tres años de la muerte de Yulissa Acosta.
Yulissa Acosta era una joven estudiante de Medicina, nativa del distrito municipal de Platanal (Cotui) y muy ligada por sus estudios secundarios al municipio de Pimentel.
Hace tre años que Julissa y su prometido novio, paseaban por el malecón de la capital en una yipeta. Mientras su novio conducía,rozaron accidentalmente, el carro de un capitán de la Fuerza Aérea Dominicana. Despues de cruzar algunas palabras y cuando la pareja, nuevamente, reiniciaba su marcha, el oficial le emprendió a tiros, resultando Yulissa fallecida y el novio herido de gravedad.
Hoy Yuli, permanece sepultada en el cementerio de platanal, dejando dos hijos huérfanos de cinco y ocho años, que cada día lloran en la tumba de su madre. El capitán Narciso Sánchez Jiménez, fue destituido de la institución; veinte años de cárcel en Najayo y su esposa semiviuda porque veinte años son veinte años.
No obstante, el fenómeno de sacar armas en las colisiones de dos vehículos, en nuestra sociedad sigue repitiéndose.
No se puede entender que todavía en nuestro país por una simple fricción de un carro, seamos capaces de emprenderle a tiros a un semejante con la finalidad de quitarle la vida.











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