Las clases virtuales por motivo de esta pandemia, han sido un reto difícil de afrontar para las familias, especialmente para los niños y niñas que han tenido que ajustarse sin más opciones a esta modalidad. Esto ha ocasionado muchas dificultades, las cuales han tenido que manejar muchos padres para así brindar soluciones a la problemática ante sus hijos, problemáticas como adquisición de equipos e Internet, medios por los que recibirían sus clases.
Ya termina el año escolar y eso significa que por fin llegarán las esperadas y soñadas vacaciones para los pequeños con sonrisas de ángel que tenemos en casa, esos que se esfuerzan durante todo el año mediante aventuras de aprendizajes que al final son calificadas.
Este es el mejor momento para los padres organizar su agenda de ocio con los hijos y divertirse, y por supuesto, cada plan de diversión ajustado a sus necesidades, condición económica y disponibilidad. Recordemos que los niños tienen derecho al ocio, a realizar actividades lúdicas, teniendo experiencias divertidas que agreguen bienestar emocional; cuando somos conscientes de que es a nosotros que nos corresponde gestionarles y permitirles estas vivencias inolvidables y de desarrollo, entonces debemos autoanotar un punto a nuestro favor en nuestro rol de padres.
Los padres pueden realizar una tarde de juegos tradicionales, un pasa día divertido o un fin de semana en el campo con una agenda previa llena de cosas divertidas y sanas; hacer referencia a juegos tradicionales nos lleva a aquellos juegos de diversión practicadas décadas atrás, tales como: Yumbo, el pañuelo, escondidas, el muñeco, cortina del palacio, saltar sacos, gallina ciega y topao. Sabiendo que no se trata del juego per se, si no más bien de los resultados positivos que obtiene quien los juega en las diferentes dimensiones, enriqueciendo las relaciones interpersonales, habilidades sociales, habilidades cognitivas, bienestar emocional, baja niveles de estrés, salud física y mental.
Claro, que debemos tener en cuenta que en estos momentos debemos dejarlos ser ellos mismos, dejando de actuar como padres psicorígidos, teniendo la idea errada de que ellos deben actuar como adultos, rostro serio, labios sellados y pocas sonrisas.
Jugar es lo que ellos necesitan, jugar en sus diferentes niveles, siempre que sean supervisados por los adultos, esto debemos tenerlo claro; la supervisión es vital para velar por el bienestar de los niños, pues sabemos que existen juegos que incentivan la práctica de la violencia y al convertirse en hábitos, puede resultar difícil de modificar y con cierto riesgo.
Analicemos el término riesgo desde una perspectiva intrafamiliar y social, en el sentido de que las dificultades que presentan los niños en la casa por haber durado más tiempo en casa por motivos de pandemia, la tensión generada en ellos por experimentar tiempos difíciles y poca diversión, la tensión de los padres, la limitación de socialización con amigos de escuela y primos; todo este tiempo de pandemia para la familia ha sido como un monstruo que llegó a desbaratar sus ritmos de vida cotidiana y que ha dejado marcas, para unos mayores que otros, pero están ahí.
En el contexto social está la presión del entorno, las ofertas atractivas, lo aparentemente divertido con ofrecimientos múltiples que llaman la atención de los jóvenes, y llama la atención de los jóvenes porque mayormente viene de jóvenes también, así es, jóvenes que en algunos casos comparten la misma etapa y gustos, en otros casos son mayores que ellos con el objetivo de dañar influenciando poco a poco.
Les motivo a observar a sus hijos no con el objetivo de espiar y regañar, sino de conocer en qué andan y con quiénes andan. Aparte tiempo de calidad para cada miembro de su hogar, y si alguno de sus hijos no vive con usted, llámele, búsquele y comparta el tesoro llamado: tiempo.











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