El sábado pasado,viajando en mi vehículo desde Pimentel a San Francisco de Macoris, me encontré con Mildomio Adames…Mildomio Adames es el famoso peregrino que con su cruz a cuesta y sus profecías puso al país en vilo al presagiar el fin de la pandemia cuando él enclavara su cruz en el mar de Puerto Plata.
Caminaba en dirección a San Francisco de Macorís cuando lo vi, con la cruz al hombro como siempre y escoltado por dos policías en una moto. Algunas personas salían de sus casas a curiosear y hacer fotos, no había tumulto alguno como antes. Yo me detuve,bajé del coche y lo observé detenidamente, tenía la cara ajada y deslucida con un color moreno intenso por la impiedad del sol…Le pregunté si estaba cansado, con la cabeza me asintió diciendo que no; dando indicio que no quería hablar.
Evidentemente que ya no es el mismo peregrino que le seguían centenares de fieles. Ahora está solo, deshabitado, sin adeptos con el vacío existencial que produce la soledad después de haber sido un patriarca de multitudes apasionadas y devotas.
Un típico personaje de leyenda vernácula, que en su correría por Puerto Plata fue patrocinado por tácticas políticas, escoltado y protegido por patrullas policiales, en plena pandemia.
De haber tenido un poco de ventura partidista y discernimiento con el opresivo virus; hoy don Mildomio Adames de seguro hubiera sido UN EMBAJADOR PLENIPOTENCIARIO de la República Dominicana.











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