Por Antonio Mena
Fuente de tu nacimiento
Yo recuerdo
tu solidaria vida arribando a la tierra
por las cuerdas imantadas del rocío
cantando sobre la niebla
con los violines del río
Eran los días cuando
en Las Caobas de Jamao al Norte
doseles de verdes ramas
coronaban las montañas
meciéndose dulcemente
con las hamacas del viento
mientras a flor de tierra el tiempo
y todos los elementos
con la yerba y la lluvia
y con la savia del sol
conciliaban en secreto
el sueño de las raíces
celebrando entre dos lunas
tu varonil nacimiento
Pero la vida al nacer
lleva consigo la muerte
por eso nos duele tanto
ver el rostro de los muertos
Bajo paisajes de soles
En Las Caobas de Jamao al Norte
cuna de tu recia estirpe
fue tu infancia un paraíso
galopando a rienda suelta
sobre un carrusel de estrellas
creciendo sobre las cumbres
de verdecidas montañas
y muchedumbre de amores
Pero la vida al nacer
lleva consigo la muerte
por eso nos duele tanto
ver el rostro de los muertos
El ángel soñador
Estudiando horizontes de ilusiones
para elegir su estrella
el joven soñador abandona regiones
deja atrás padres hermanos y amigos
la muchacha más amada y el lar querido
y empieza a construir el camino
que lo llevará al destino elegido
mas tú fuiste diferente camarada
porque antes y al irte
tú soñabas siempre
con los sueños del pueblo
entre tu sueño
Pero con su nacimiento
toda vida lleva dentro
el corazón de la muerte
por eso nos duele tanto
ver el rostro de los muertos
En las aguerridas calles de tu vida
En el liceo Ercilia Pepín
conociste el precio de la libertad
Ingenuo y ebrio de cielos
confundías las pompas de jabón
con realidades y utopías terrenales
y enamorado de los universales
amaste con delirio gimnasias literarias
entre contiendas de ángeles
sudando sueños
con tu cuerpo al abrigo del cielo
elevando con tus manos
estatuas de arcoíris y minerales
Desde lejos
llegaron nubes de oscuros mensajeros
disfrazados de insidiosas golondrinas
que susurraban el mensaje de la muerte
con un frío viento
a tu oído y al oído de la gente
Luego fue la tragedia y el incendio
de jinetes sin cabeza de la muerte
pisoteando y marchitando la alegría
por campos y ciudades ciegamente
Pero con su nacimiento
toda vida lleva dentro
el corazón de la muerte
que va apagando su llama
con fatídicos latidos
No existían primaveras en tu equinoccio
No existían primaveras en tu equinoccio
sino que te llegaban sin previas citas
abriendo a ti sus dulces cálices
y ardientes bálsamos
de celestiales rosas
y angelicales margaritas
Ebrio de amor y pueblo despertabas
sobre el tálamo de la tierra reverdecida
pletórico de ofrendas y de vida
Pero al nacer cada vida
lleva consigo la muerte
por eso nos duele tanto
ver el rostro de los muertos
En la Vega de tu amor
Como un astronauta del presente
voy por la polvareda azul de tu pasado
cruzando las electrizantes cuerdas de tu vida
atadas con las oscuras cuerdas de la muerte
unidas como dos amantes
que se repelen íntimamente
condenados a vivir amarrados
por un nudo de insolubles laberintos
que solo desata al azar
la dentadura del tiempo
Orientado por la rosa imantada de tu sueño
con tu amada familia de toda la vida
tenaz y aguerrido
de tu querida ciudad de San Francisco
te mudaste a La Vega
incluida en la lira de tu imaginario
¡A La Vega que tanto amaste!
“La pequeña suiza del Cibao”
como solías llamarla tú algunas veces
Y trabajando
con los confluyentes instrumentos
del pasado y el presente
con entusiasmo delirante
construías cada día
la felicidad y la alegría
Trance de tu cuerpo de la Vega a Santiago
He aquí el incendio de los elementos
He aquí la hoguera crepitante
de la cal la madera y de las piedras
He aquí mi alegría y el hueso de la vida
carbonizada en el horno del tormento
y la tortura de mi alma ya sin alas
atrapada en la telaraña del martirio
tejido con los hilos de la muerte
por su patuda araña impenitente
He aquí un tsunami invisible
levantándose sobre el mundo
sorpresivamente
Desde todos los confines
con tormentosos instrumentos
de muerte
Un tsunami invisible
máquina de la muerte transparente
ahogando y diezmando la vida
llevándose tu cuerpo a Santiago
en medio de la tormenta
aniquilando en su trayecto
la alegría y la sonrisa de los niños
con sofocantes aletazos
arrastrando instrumentos
de afilados dolores
y gritos viscerales de la muerte
Un tsunami invisible
que desploma a su paso
las compuertas del cielo
arrastrando consigo
hacia nunca y para siempre
tu cuerpo varonil con todas las estrellas
¡Ay, hacia nunca y para siempre compañero!
¡Hacia nunca y para siempre!
¡Oh inmensidad de tu ausencia!
¡Oh naufragio de la alegría!
Todo se ha hundido en la tristeza
y solamente me ha quedado
como único legado
espinas de ortiga y de retama
y lacerantes heridas
de ardiente dentadura de amargura
Cada espacio es un grito de aflicción
que se esparce
como una polvareda de ceniza
una fiesta sin música ni gente
¡Una bandera abandonada en la contienda!
¡Ay, cuánto pesa en mi alma
la tierra que te cubre compañero!
No hay dioses ni medicina
que puedan curarme
el espacio infinito de mi herida
¿Con quién hablaré como lo hice contigo
sobre soledades de quijotes y medicina?
¿Con quién podré charlar sobre la silla turca?
¿Con quién sobre el mal del corazón roto?
Nunca más
Nunca más será igual
el tiempo ya conmigo
Nunca más será igual
escuchar en mi oído
la fiesta del tiempo sintigo
Nunca más
volverá la alegría de los caminos
recorridos contigo
Nunca más
el júbilo de las horas compartidas
ni el sosiego de confesarte
la cotidianidad del mundo
y su oscuro destino
Nunca más hermano
camarada de toda la vida
Nunca más
Ya los elementos transpiran
exudando la mortaja de tu cuerpo
y de tu féretro
ya te has ido sin regreso
hacia la eterna ausencia
y mares del olvido
¡Yo no visitaré de nuevo
la puerta de tu casa!
tu casa ahora vacía
ha quedado oscura y fría
sin tu calor fraterno
sin tu clara presencia
¡Ay, sin tu contagiosa risa y alegría!
Nunca más tu amorosa compañía
Nunca más tu abrazo solidario de hermano
Nunca más compartir en tu hogar
y en tu espléndida mesa el pan y el vino
Nunca más la alegría de tu voz
ni la dulzura de tus ojos
en el umbral de tu casa al recibirme
Nunca más compañero
Nunca jamás
Tal vez solamente
cuando se apague mi vida
Podría curarse el dolor y la herida
que ha dejado en mi alma para siempre
tu sorpresiva y doliente despedida
Ciudad Colonial, D.N.
Domingo, 22 agosto 2021











Discussion about this post