Se dice que cada cabeza es un mundo, y, por supuesto, es así, cada mente es diferente debido a que está llena de ideales particulares y únicos, de cosas no conocidas al exterior, en ocasiones son como espumas volátiles que nunca se materializan y que sólo permanecen como visitantes fugaces.
Tenemos un almacén con un conducto por el cual pasan las entregas que se generan en el corazón, aquí en este almacén hay maquinarias especiales y que en ningún otro lugar existen; que dan forma a los pensamientos que surgen a partir de los sentimientos, emociones y deseos que envía el cerebro a la mente humana.
Vivencias a través de los sentidos son las que se archivan en el cerebro, vivencias que revolucionan cada parte de él interconectando sus neuronas, permitiendo que la información acabada de sus núcleos atraviese sus axones y dendritas, hasta pasarla a otra y otra neurona hasta exitosamente enviar a todas ellas cada información recibida a través de los sentidos, sin importar que esto recibido nos marque en el futuro de forma positiva o negativa. Pero es el entorno el que hará las ofertas tentativas a nuestros sentidos, esas ofertas favorables y desfavorables para la obtención de las informaciones que enviarán al cerebro y éste sistematizará hasta archivar de manera clasificada de acuerdo al grado de su intensidad.
Mediante este proceso vemos el viaje que más tarde crea nuestros sueños, esos sueños que de acuerdo al grado de intensidad, permanecerán como lucecita tenue pero existente en la fila de los sueños.
Los sueños tienen prioridades y es en el curso de vida individual y grupal donde descartaremos aquellos que más tarde confirmaremos si es lo que queremos o no, a medida que avanzamos y tenemos nuevas experiencias. Experiencias que pueden estrujar y romper esos delicados sueños, sucesos del camino, unos que los buscaste y otros que sencillamente la marea los trajo porque sí. De hecho, hay episodios que ocurren en el transcurrir de la vida que estrujarán tus sueños y en ocasiones hasta los romperán; pero el éxito de un sueño que vale la pena , no debe determinarlo los días nublados o el camino lleno de neblinas una madrugada de Enero.
Se estrujan y rompen los sueños, cuando se confía más en el otro que en sí mismo, cuando permites que te denigren tus proyectos, cuando se quiere brillar con la luz de otro, cuando se maltrata al prójimo, cuando construyes un castillo a cuesta del dolor ajeno, cuando construyes tu plan de vida fuera de la realidad, pero sobre todo, cuando dejamos al creador fuera de nuestros planes creyéndonos autosustentables y auto suficientes en todo el sentido de la palabra.
En cada parada del tren hay más que dejar y llevar , ocurren odiseas que construyen o derrumban esos sueños, pero siempre dependerá del propósito que guíe a cada uno, y cada propósito se arraiga en dos planos únicos : propósitos pasajeros y propósitos eternos. Por tal motivo, en cualquiera de los dos planos siempre habrán sueños estrujados y rotos por que el ser humano es cambiante pero más aún, dependerá si esos sueños, van acorde con el propósito que guía a cada alma que los conserva.











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