Este sábado 5 de febrero, más de una veintena de sacerdotes concluyeron el novenario al siempre recordado, reverendo padre Ramón Alejo de la Cruz- Padre Moncho, en su último destino de servicio eclesial: Parroquia María Madre de la Iglesia, del ensanche Duarte, de esta ciudad de San Francisco de Macorís.
Repleto estaba el templo de familiares, amigos y feligreses de las diferentes demarcaciones a donde sirvió en diversas parroquias, el llamado por muchos, Sacerdote del pueblo.

El Padre Moncho, fue un presbítero luchador por las mejores causas del pueblo y los más necesitados, no solo en esta su diócesis de San Francisco de Macorís, sino, en cualquier parte del país que lo requerían, allá estaba él. Y así lo ejemplarizaron sus hermanos del grupo Hélder Cámara: los reverendos padres Nino y Ramoncito, de Santiago y la Vega, expresando las virtudes y la siempre disponibilidad de Moncho en todas las actividades de lucha, a las que era convocado.
Desafiando un cáncer de varios años, desafiando la Covid-19, cuando apenas llegó y que muchos ciudadanos nuestros morían ante el asombro de todos, se lanzó a las calles a recolectar y distribuir alimentos en todo el pueblo, con el grupo solidario: «Las Fuerzas vivas de Duarte», desoyendo a quienes velaban por su salud. Ese era Moncho, con su frase: «de algo hay que morir».

Dar una mirada a la vida de servicio de este presbítero, es recordar una frase expresada por él, en una entrevista que le hiciera hace ya unos 20 años: «Quien no lucha con el pueblo, no se llama cristiano». Pues para él, Jesucristo estaba y está siempre del lado de los pobres, del pueblo, de los que sufren, de los que más necesitan y que Jesús es un guerrero. Eucaristías en las calles, una marcha verde, Loma Miranda, acostarse en un puente, marchar siempre con el pueblo, fueron sus prioridades, llevando de este modo el evangelio de Jesús El Rebelde.
Y es que hablar de Moncho es ver el accionar de monseñor Hélder Cámara, arzobispo brasilero, defensor de los derechos humanos, de quien Moncho siguió su ejemplo; junto a Rogelio Cruz, Regino Martínez, Nino, Ramoncito y otros tantos sacerdotes, capaces de enfrentar su propia jerarquía eclesial, para seguir los pasos defensores que predicó Jesús: denunciando las injusticias, exigiendo reivindicaciones y con ese modo, anunciando el reino.
«Ojalá», una de sus expresiones más famosa en sus sermones, no muera con su cuerpo, sus deseos de lucha de una iglesia en salida, de los jóvenes por la patria, pues una generación que sigue, espera encontrar algo útil de nosotros: una agitada defensa de nuestros recursos naturales y de los intereses comunes.
Padre Moncho, le recordaremos como ese guerrero incansable, hombre de mil batallas, hombre justo y de fe, hombre de lucha y solidario, hombre azul del Licey, hombre de pueblo… las ideas no mueren. En las gentes que luchan y de sentido común,
¡Moncho vivirá por siempre!











Discussion about this post