Si Margarita Cedeño, el próximo mes de octubre, resulta ser la candidata a la presidencia de la república por el Partido de la Liberación Dominicana, a muchos dominicanos nos dará escalofríos y nos pondremos a temblar.
No por haber en ella ningún tipo de persuasión como candidata, pero como en nuestro país hay tantos bípedos, rengos de sentimientos y grávidos de reminiscencia puede llegar a darnos un pasmo.
Un país que está iniciando una etapa de aseos para detectar la impureza del deshonor y la vileza gubernamental, no puede tener a una jefa de estado que convivió tanto tiempo en ese entorno indecoroso.
Debemos ser juiciosos y pensar que el país debe seguir la depuración de esos escombros sórdidos que todavía se pasean por nuestro parque nacional.
El país no está en momentos para la ópera.
Margarita es una mujer frágil, de voz de terciopelos y manos de seda que fue capaz de desvanecerse de pasión en plena entrevista por televisión cuando le preguntaron qué le parecía el cantante Chayanne.
¡Pero por Dios!
Si por cualquier hado de la naturaleza, doña Margarita Cedeño fuera elegida presidente de nuestro país, lo lamentaremos toda la vida.











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