El jueves 15 de enero de 2009 cerca de las 4:00 pm, fue la tarde en la que para muchas personas parecía llegar la noche sin que terminara el día. Cientos pensaron que les había llegado el momento de partir sin apenas tener la oportunidad de despedirse.
Un avión se posó suavemente sobre el caudal neoyorkino del río Hudson tras ser impactado por una bandada de pájaros y gansos a sólo tres minutos del despegue. Se trató del vuelo 1549, un Airbus A320 de la compañía US Airways.
La decisión del piloto Chesley Sullenberger, que salvó la vida de 155 personas, fue alabada por la ciudadanía y cuestionada por las autoridades, sin embargo, en mayo de 2010 (16 meses después) un reporte de la Administración Federal de Aviación demostró que Sullenberger no había incurrido en ningún error al realizar la impresionante maniobra de emergencia sobre el agua del Hudson.
¡Así fue, es y lo será!
Las personas que han fracasado justo allí donde tú has tenido éxito. Aquellos que lo han dado todo (sin fruto alguno) para obtener lo que ya tienes o estás a punto de alcanzar, estarán más al pendiente de ti y de tus proyectos que de los suyos propios.
Cuando seas objeto de fuertes críticas y un despiadado atentado moral, será el momento de poner a pruebas tu autoestima y de demostrarte a ti mismo qué tanto influye sobre tu vida lo que algunos piensan, lo que otros dicen y lo que todos hacen.
A partir de tu éxito muchos (todos) estarán contra ti. Serás el blanco a destruir de muchas mentes frustradas y mediocres que no serán lo suficientemente humildes como para aceptar que luchas a diario para lograr lo que te propones y es ahí cuando tendrás que abrazarte a la autoestima, a ese concepto que tienes de ti mismo, aquello que sabes que hay en ti y que puedes dar a los demás, teniendo presente que hay un enemigo de la autoestima que se llama orgullo, el cual puede hacer que ganemos mayor número de detractores y que incluso puede hacer que aquellos que te admiran, redireccionen su mirada y te pierdan el aprecio.
Pienso que a la humildad y a la prepotencia solo las separa una desnutrida línea que se llama prudencia.
Por eso será imprescindible buscar el punto exacto de dicha línea y ceñirse a ella.
Para los seres humanos es bastante fácil atribuir a la suerte los logros ajenos, y en ocasiones hasta los propios; al grado de que ya no es raro escuchar decir ‹Este si ha tenido suerte, aquella si es dichosa›. Estas frases, por bien intencionadas que puedan parecer, ocultan cierto grado de inconformidad, tras comparar la superioridad de los logros ajenos a los propios.
Alguien con quien estoy de acuerdo expresó ‹El éxito es como un iceberg. Sobre la superficie solo se avista una parte minúscula de su tamaño real› ¡Esta es la comparación! Los demás solo verán cuando disfrutes, pero ignoran las madrugadas que dedicaste a lo que te propusiste, las comidas que tuviste que calentar o quizás comerte frías, las horas de las que privaste a tu familia o pareja y hasta los minutos de sueño que aún te debes.
No faltará quien intente minimizar tus logros, quien exprese que lo que has hecho cualquiera pudo hacerlo e incluso quien diga que tienes que mejorar esto o aquello. Sobre tales palabras solo recuerda:
¡Estás donde todos quieren estar
y tienes lo que muchos quieren tener,
porque lograste con valor
lo que tus críticos no intentaron por temor!
Al final, ningún comentario en la vida, cuesta lo que tú vales.











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