Para el presupuesto general de la nación 2022, el gobierno estimó ingresos por RD$871,485.9 millones, de los cuales RD$824,909.3 millones corresponderían a ingresos corrientes y los restantes RD$46,576.6 millones a ingresos de capital. Por otro lado, se estimaron gastos por RD$1,046,280.7 millones; el gasto corriente se proyecta en RD$905,574.3 millones y el gasto de capital en RD$140,706.4 millones. Los intereses de la deuda pública se estimaron en RD$193,105.8 millones, representando el 22.2% de los ingresos fiscales y el 18.5% del total de gastos para el 2022.
El déficit del presupuesto de 2022 ascenderá a RD$174,794.8 millones; lo que es costumbre en los ejercicios fiscales de las ultimas décadas, al presentarse déficits presupuestarios estructurales por desencaje entre gastos e ingresos. El resultado es una deuda creciente que pesa mucho en el cociente servicio de la deuda-ingresos tributarios cuyo indicador es un reflejo de la sostenibilidad fiscal a mediano y largo plazo.
La Dirección General de Presupuesto (DIGEPRES) registra ingresos fiscales por RD$254,688.3 millones al 15 de abril de 2022 en el más reciente informe de ejecución presupuestaria, lo que representa el 29.2% de los ingresos presupuestados. La ejecución del gasto en 26.5% de cumplimiento con respecto a lo presupuestado; generalmente el gasto se activa en el último trimestre del año por efecto de transferencias sociales y mayor ejecución de obras de infraestructura. Cabe destacar, que se estima que a final de año el gobierno cierre con un superávit primario de alrededor de RD$18,311.0 millones.
A pesar de que se tiene previsto cerrar con estos números, la realidad indica que a mediados de año el gobierno tendrá que hacer una actualización de estos, lo que llevará el objetivo de déficit presupuestario a un más alto nivel y se revisaría el superávit primario indicado. Las razones son conocidas, el PGE 20222 se elaboró partiendo de un escenario económico que no contemplaba la acción bélica entre Rusia y Ucrania que ha incrementado los insumos energéticos y alimenticios a nivel mundial.
Recientemente el presidente Abinader anunció un conjunto de 10 medidas para contener los efectos directos de la inflación. Algunas de estas medidas están sostenidas en subsidios que representan gastos sin programar en el presupuesto original; aunque se ha dicho que se financiarán con ahorros propios, no serían sostenibles de no perfilarse un final de la guerra y un retorno a la normalidad del transporte de carga internacional.
Sólo en subsidios a los combustibles, insumos alimenticios de hasta 10% de las importaciones, incremento de la protección social de 2.0% del PIB y la tasa cero a la importación de 67 rubros de la canasta básica familiar, el gobierno tendrá que sacrificar más de 180 mil millones de pesos (2.2% del PIB). El desarrollo de los acontecimientos internacionales da a pensar que, en el horizonte de tiempo de cuatro meses, plazo de implementación de las medidas gubernamentales, no se disipará la tendencia alcista de precios, lo que pondrá en la disyuntiva al gobierno dominicano de continuar aplicando subsidios incrementando las presiones presupuestarias o traspasar el costo de la crisis a la ciudadanía sacrificando con ello capital político.
Estamos en un momento crucial de la historia económica mundial, donde se configuran dos bloques económicos diferenciados y que saldrán de esta crisis y la guerra con sistemas financieros internacionales diferentes y un retorno al comercio en bloques con fuerte afectación al proceso de globalización y liberalización comercial iniciado a principios de los 90s. La República Dominicana deberá saber jugar sus cartas en una coyuntura muy exigente en el plano financiero y comercial que se avecina. Los tiempos actuales son tumultuosos y se requiere de acciones audaces.











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