Hay un refrán que dice: “Crea fama y échate a dormir”. Pues, justamente eso ha pasado con el día de los padres, la fama que se ha creado es precisamente que es un día que, en cierto sentido, pasa sin pena y sin gloria comparado con el día de las Madres, porque no es un secreto para nadie que a muchos padres le quedan grande esa responsabilidad. Como se dice popularmente algunos hombres solo se encargaron de “pintar muchachos”, de “tirar niños al mundo a pasar trabajo”.
La gente suele decir con razón, que “papá no es el engendra sino el que cría”, porque en el mundo que vivimos no siempre el padre biológico saca adelante a sus hijos. Parece contradictorio que, quien debiera ser el continuador de la educación de los hijos, es quien lo abandona. Mientras que un particular, que luego se convierte en el padrastro, hace todo lo necesario para que muchos jóvenes continúen sus estudios y logren sus sueños.
Son muchas las historias de los hijos que no crecieron con su padre biológico. Individuos que, por la gracia de Dios y la suerte del destino, tuvieron que salir adelante con o sin papá. No es de extrañar entonces que, partiendo de esta realidad, existan tantos vacíos existenciales, afectivos y de identidad personal, con los cuales muchos tuvieron que arrastrar en sus vidas. De aquí que, aunque el libertinaje no se justifique, la tendencia de muchos hombres a ser mujeriegos, adictos a las bebidas alcohólicas y otras adicciones, es precisamente por la ausencia de la figura paterna, que nunca existió.
Ahora bien, sabemos que, si para traer una criatura al mundo se necesitan dos personas, aún más son necesarias esas mismas personas para darle lo fundamental a un ser que debe ir formándose en una sociedad llena de todo. Por tanto, cuando un hombre abandona a su familia, quienes verdaderamente sufren son los hijos, porque al no estar bien formados, humana y espiritualmente, irán desarrollándose como pueden y obteniendo resultados según la conciencia y la tendencia que vayan asumiendo.
Sin embargo, la historia no tiene porque repetirse, ya que el hombre que es papá, está llamado a reinventarse, a crear un paradigma diferente. No somos seres encerrados y determinados, somos transcendentes, llamados a evolucionar y a madurar. Lo que significa que ni todos los hombres son iguales ni todos dejan a sus hijos huérfanos con padres vivos.
Por eso papá, defiende tu honor, no dando dinero, tampoco comprándole ropa a tus hijos, ni mucho menos llevándolos de paseo a un parque. No, hazlo dedicando tiempo de calidad, enseñándole el valor de la rectitud, de la madurez y de la responsabilidad a la palabra dada. Mostrándole con tu ejemplo, que no todos los padres son sinvergüenzas y que todavía hay hombres que, con respeto y dedicación, lo han dado todo por sus hijos, porque creyeron en la familia y en los buenos valores humanos y cristianos que recibieron en el pasado.











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