República Dominicana no ha heredado, ni se le ha inculcado la tan necesaria conciencia ciudadana, quienes han dirigido han visto en su ausencia el medio de cultivo por excelencia para sembrar sus aspiraciones, y lograr mantenerse como clase reinante, porque el político dominicano no vacaciona, no evoluciona, ni se pensiona, quienes gobiernan hoy, son los hijos y nietos, de los que nos gobernaron 40 años atrás, porque las políticas públicas de juventud y el relevo generacional está ligado al vínculo familiar, más que al mérito social.
Pese a que gran parte de nuestra vida democrática hemos sido gobernados por dos intelectuales, exhibimos un grado de escolaridad que dista mucho de lo mínimo necesario, lo que nos hace seguir apostando al mismo modelo.
Los partidos políticos de oposición con vocación de poder, en unas antítesis dialécticas, patrocinan toda malquerencia que acreciente el disgusto popular al gobierno de turno, con tal de alcanzar la silla de alfiler, apoyan acciones que desdicen tal vocación. Las organizaciones políticas con vocación de poder no deben apoyar anarquías, porque es la misma que mañana tendrán que enfrentar y entonces no tienen calidad moral para hacerlo, porque nuestros políticos se les olvida, que el principio moral, le es a la autoridad, lo mismo que le es la sangre al cuerpo.
En nuestra sociedad hay una deuda social acumulada por años, que debe ser saldada, porque es insostenible en el futuro, se trata de revertir el comportamiento del ciudadano dominicano, que ve la cosa pública con visión depredadora, medalaganaria y ajena, a la que no hay que cuidar.
Construimos un hospital y al mismo tiempo una clínica privada, les aseguro, que el mismo personal que trabaja en ambos centros se comportan diferente frente a sus responsabilidades. Pero además ¿cuál es la necesidad que tiene un ciudadano de despegar una hoja de una ventana de un hospital, o romper el lavamanos, la ducha, un banco de un parque, entre otros daños?
Los profesionales (profesores, médicos, administradores, entre otros) pese a ser mejores remunerados y con más garantías de derechos en el sector público que en el privado, se manejan desfavorablemente diferente frente al cumplimiento de sus responsabilidades.
En las escuelas públicas el trabajo de un conserje, recogiendo todo desperdicios, porque la higiene y el civismo no es parte de la formación académica en R.D.
Tenemos las mejores carreteras, un país con alta interconectividad vía terrestre, con una geografía amigable, que no aporta mayores riesgos, sin embargo, aportamos cifras escalofriantes, siendo el país con mayor tasa de mortalidad ocurrida por accidentes de tránsitos en el mundo, según estudios publicados en la CNN por la OMS, solo para ejemplarizar.
De todo esto hay muchos responsables, pero el mayor responsable es el gobierno, si el gobierno y sus poderes, el mismo gobierno que se empeña en publicitar todas las construcciones, con una visión faraónica, pero no se empeña en promover el buen uso de la obra que se construye, de que nos sirve emitir leyes y códigos, mas no culturizar sobre el cumplimiento de estas.
La construcción social de nuestros ciudadanos merece una reingeniería, gobiernos que inviertan más en promoción que en publicidad, que siembren conciencia en cada acción, en hechos y en palabras, solo así podemos revertir el deterioro de la costosa inversión del Estado, que todo le sale más caro. El metro cuadrado de construcción es más del doble del precio estándar del metro cuadrado del sector privado, pese a este último ser de mayor calidad, construida por la misma empresa constructora, la gran diferencia, la visión de la gente frente a la cosa pública.
En la inauguración de una carretera, es necesario que se promueva cual es la conducta de tránsito, donde están sus puntos críticos, cual es la velocidad de desplazamiento, conjugada con una frase de amor por la vida, la responsabilidad ciudadana, y no gastarnos millones de pesos en publicidad que solo incita a la velocidad, y como resultado, lo expresado.
Se hace necesario que la dirección de comunicación estatal reoriente su publicidad a la promoción, invertir en la educación ciudadana, invitando al buen uso de la obra que se construye, es la más efectiva publicidad, con ello logramos que la gente se comporte diferente frente a la cosa pública.











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