Hay hechos relevantes del pasado que su verdadera naturaleza y origen se conoce solo con el transcurrir de los años.
Se trata del amor-odio que existió entre el poeta sueco, Artur Lundkvist (1906-1991) y el genio argentino, Jorge Luis Borges (1889-1986) autor del Aleth y cuatro veces nominado al Premio Nobel de Literatura.
Artur Lundkvist, era un poeta muy conocido en el mundo de la literatura hispana, miembro de la Academia Sueca y jurado del Premio Nobel de Literatura en Estocolmo. Viajaba con frecuencia de Suecia a España, siendo amigo de la Real Academia Española (RAE), distinguiéndose por sus dotes de traductor de libros del castellano al sueco, entre ellos de escritores como: Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Miguel Angel Asturia, Octavio Paz, Jorge Luís Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, entre otros.
En ese entonces, por recomendación de la RAE, ayudó en la promoción para el Premio Nobel a los escritores hispanoamericanos Miguel Ángel Asturia (1967) Pablo Neruda (1971) Gabriel García Márquez (1982) y Octavio Paz (1990) dejando en evidencia que Borges no era agraciado de su aprobación.
La desgracia de Borges comienza en un viaje que hizo a Estocolmo donde Lundkvist le pide opinión sobre sus poemas, señalando Borges (con su peculiar forma estirada) sobre “la banalidad de los mismos.”
Lundkvist, jamás le perdonó a Borges ese comentario sobre sus poemas, iniciando desde entonces una campaña de descréditos, decisivas para que Borges no ganara el Nobel, diciendo que su prosa era “proporcionalmente muy sobrevalorada” y que una persona relacionada a la dictadura de Jorge Rafael Videla (1925-2013) y Augusto Pinochet (1915-2006) no podía ser premiada con tan alto galardón.
Este episodio de Estocolmo lo narró en el año 1984 la Escritora María Esther Vásquez (1937-2017) biógrafa de Borges. También en el año 2007 un jubilado nonagenario de la Real Academia Española, relató en una entrevista por televisión que en su época la RAE le pidió a Lundkvist ayudar a Borges en la promoción para el Nobel, este lacónicamente contestó…”no puedo”, conociéndo la misma que Lundkvist varios años atrás había traducido sus libros al sueco, hecho imprescindible para concursar en el Premio Nobel.
Así germinó en Artur Lundkvist la llama del odio contra el maestro, contra el genio, contra el niño prodigio que leía y escribía correctamente a los cuatro años, partiendo el ínclito escritor, al retiro eterno sin obtener la compensación de tan merecido galardón.











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