El más connotado líder del PRD, doctor José Francisco Peña Gómez, falleció un 10 de mayo del 1998, precisamente cuando el país vivía una efervescencia política producto de las elecciones congresuales y municipales.
Igual que ahora, las estructuras del partido del jacho prendió era estremecidas por una peligrosa división, pero la muerte de su líder lo hizo reaccionar y alrededor de su cadáver juraron trabajar unidos para garantizar el triunfo en el indicado proceso electoral, como así fue.
Al conmemorarse el 14 aniversario de la muerte del doctor Peña Gómez, en las más altas instancias del PRD se ciernen con más contundencia los dardos de la división disparado por su propio presidente, ingeniero Miguel Vargas Maldonado, quien al parecer apuesta a la derrota del ingeniero Hipólito Mejía y al triunfo del candidato presidencial oficialista, licenciado Danilo Medina.
La histórica dirigente perredeísta doctora Ivelisse Prats de Pérez, admitió que su partido se encuentra padeciendo la misma situación que padeció en la campaña electoral del año 1998, lo que hace pensar que el ingeniero Vargas Maldonado lo conduce a un matadero electoral con fines inconfesables.
Peña Gómez se fue a la tumba reiterando su condena a los traidores, a los que se venden al mejor postor y reiterando la unidad sobre la base de principios, sin pactar jamás ante el poder corruptor. Los desmanes de hoy, la deshonestidad y la corrupción, constituyen el más fiel desafío para los que desde el PRD o cualquier instancia política creen en la justicia y la libertad. La memoria histórica y revolucionaria del doctor Peña Gómez no se merece lo que se respira en los altos organismos de dirección del PRD.]










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