Que somos un isla que importa más que exporta lo sabemos desde siempre, en especial bienes industriales de esos con tornillos, remaches, chips y otras complejidades modernas, y que somos una isla de comerciantes donde predomina lo que se compra a un precio y se vende a otro bastante diferente, también.
Lo que ya no estamos entendiendo es lo que está pasando con los precios. Por ejemplo, el silenciador del carro se dañó y hubo que cambiarlo por otro nuevo para que no fuera repartiendo decibelios de más por las calles.
Pues bien, fuimos a la casa matriz y la referida pieza costaba nada menos que 20.000 toletes ¡como si estuviera revestida de oro y tuviera incrustados una docena de rubíes! Ante mi asombro, un amigo adicto a las compras por Internet se brindó a asesorarme, navegó por las páginas web hasta un distribuidor en el extranjero y en unos minutos ya estábamos adquiriendo la misma pieza, original, puesta aquí con un costo de envío y aduana incluidos de ¡7.000 pesitos!
Se supone que quien la vendió fuera ganó su margen, y además se pagaron los aranceles de aquí y se incluía el transporte… entonces cabe preguntarse ¿quién se gana, se mete en el bolsillo o se queda los RD$ 13.000 de diferencia? Entendemos que en este mercado nuestro tan inexplicable pudiera salir algo más caro, pero nuca una diferencia de 300%, eso a nuestro juicio de comprador común y corriente no es comerciar, es sencillamente abusar, por no utilizar una palabra bastante más fuerte.
Otro caso, en una tienda de calzados se nos pedía RD$ 5.000 pesos por un modelo de buena calidad, pero encontramos el precio excesivo. Volvimos con lo del Internet y sucedió otro tanto de lo mismo, por esos mismos 5.000 pesos a los cuatro días teníamos un par de la misma marca y además, como de ñapa se pudo comprar unos tenis excelentes. ¿Quién se iba a quedar con los RD$ 2.500 pesos de diferencia? Ah, no, yo no se, como decía aquel merengue antiguo.
Otro caso más, y bien preocupante, el que se está viendo y viviendo ya en demasiados colmados, una leche que en un supermercado la venden a más o menos RD$ 42, en el colmado de la esquina está ¡a 65 pesos! ¡ 23 pesos más por arte de magia! de magia agiotista claro está.
Antes los colmados eran negocios de subsistencia, pero con estos márgenes pronto serán los negocios más rentables del universo. Otro caso más, encontramos los ajíes rojos en un supermercado a RD$ 54.50 pesos la libra mientras que en los mercados de productores que auspicia el Gobierno (¡bien por el Gobierno esta vez! deberían seguir haciendo más cosas así) compra usted los mismitos pimientos morrones a RD 10.00. Entendemos que en los super hay más comodidad, más limpieza, aire acondicionado… pero de ahí a que haya un 350% más de diferencia nos parece una exageración para cualquier tipo de bolsillo.
Así podríamos relatar muchísimos casos particulares y llegar a la conclusión general de que los precios, o mejor dicho quienes los ponen, se están volviendo locos y afectando en gran manera nos sólo a las clases de menores ingresos sino a las medias y medias altas quienes además son las que cargan más pesado con impuestos y servicios.
A ver si la cruzada esa que el presidente quiere hacer a nivel internacional contra la especulación de los combustibles la traen primero al país y la aplican a tantos precios de sinrazón, empezando por nuestras gasolinas, las mas caras de la región. Por mi parte les diré que ya soy un hábil navegador de Internet y a este paso voy a comprar por ese medio hasta el papel higiénico.
El comercio parece suicidarse. Luego no digan que no se les avisó.










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